lunes, 23 de marzo de 2026

SONORA . La Tentación de la HEGEMONIA . Antonio –TOÑO- Astiazaran.


Maestro Francisco Javier Aragón Salcido

En política, hay momentos en que las señales dejan de ser dispersas y comienzan a alinearse. Son esos puntos de inflexión donde un actor no solo destaca, sino que ordena el tablero. Hoy, en Sonora, ese centro de gravedad parece tener nombre: Antonio Astiazarán Gutiérrez .

La percepción —cada vez más extendida— de que “todas las líneas convergen” hacia su figura no es menor. En términos de análisis político, eso significa algo más profundo que popularidad: implica capacidad de articulación. Es decir, la posibilidad de convertirse no solo en candidato, sino en eje del proceso sucesorio.

El gobernador Alfonso Durazo sigue siendo el titular del poder formal, pero en toda transición aparece una pregunta inevitable: ¿quién empieza a concentrar el poder informal? Cuando distintos actores —políticos, económicos, territoriales— comienzan a mirar en una misma dirección, lo que emerge es una hegemonía en construcción.

Astiazarán parece reunir tres condiciones poco frecuentes en simultáneo:

- Estructura operativa, que le permite presencia territorial más allá de Hermosillo. 

- Discurso funcional, sin estridencias, que amplía su espectro de aceptación. 

- Viabilidad electoral, que lo coloca como opción competitiva en cualquier escenario.

A esto se suma un elemento clave: la eventual cercanía con el Senador Manlio Fabio Beltrones, cuyo peso específico trasciende coyunturas. Si esa relación se traduce en respaldo efectivo, no solo fortalece una candidatura: construye condiciones de gobernabilidad anticipada.

Sin embargo, conviene matizar. En política, cuando parece que “no hay competencia”, generalmente lo que ocurre es que la competencia aún no se ha manifestado plenamente. La hegemonía rara vez se concede sin resistencia; más bien, se disputa en otros planos: el interno, el partidista, el federal.

La verdadera incógnita no es si Toño Astiazarán está hoy en el centro —eso parece evidente—, sino si podrá sostener esa centralidad cuando el proceso se formalice y entren en juego factores más duros: definiciones nacionales, alineamientos partidistas y posibles candidaturas emergentes.

Porque toda hegemonía en formación enfrenta tres riesgos:

1. La sobreexposición: estar en el centro también implica convertirse en blanco. 

2. La reacción del sistema: ningún grupo dominante cede espacios sin negociar. 

3. El exceso de confianza: asumir que la contienda está resuelta antes de tiempo.

Aun así, el momento político es claro: Toño Astiazarán no es solo un actor relevante, sino el punto de convergencia de la coyuntura política sonorense.

La historia enseña que, en las transiciones, quien logra colocarse en el centro del tablero tiene ventaja… pero no garantía. La hegemonía no se declara: se construye, se defiende y, sobre todo, se valida en el momento decisivo.

Sonora se encamina hacia ese momento. Y hoy, todo indica que hay un actor que ya entendió cómo llegar primero. Antonio Astiazaran.

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