Maestro Francisco Javier Aragón Salcido
En política, hay momentos en
que las señales dejan de ser dispersas y comienzan a alinearse. Son esos puntos
de inflexión donde un actor no solo destaca, sino que ordena el tablero. Hoy, en Sonora, ese centro de gravedad
parece tener nombre: Antonio Astiazarán Gutiérrez .
La
percepción —cada vez más extendida— de que “todas las líneas convergen” hacia
su figura no es menor. En términos de análisis político, eso
significa algo más profundo que popularidad: implica capacidad de articulación.
Es decir, la posibilidad de convertirse no solo en candidato, sino en eje del
proceso sucesorio.
El
gobernador Alfonso Durazo sigue siendo el titular del poder formal, pero en
toda transición aparece una pregunta inevitable: ¿quién empieza a concentrar el
poder informal? Cuando distintos actores —políticos,
económicos, territoriales— comienzan a mirar en una misma dirección, lo que
emerge es una hegemonía en construcción.
Astiazarán parece reunir tres
condiciones poco frecuentes en simultáneo:
- Estructura operativa, que le
permite presencia territorial más allá de Hermosillo.
- Discurso funcional, sin
estridencias, que amplía su espectro de aceptación.
- Viabilidad electoral, que lo
coloca como opción competitiva en cualquier escenario.
A
esto se suma un elemento clave: la eventual cercanía con el Senador Manlio
Fabio Beltrones, cuyo peso específico trasciende coyunturas. Si
esa relación se traduce en respaldo efectivo, no solo fortalece una
candidatura: construye condiciones de gobernabilidad anticipada.
Sin embargo, conviene matizar.
En política, cuando parece que “no hay competencia”, generalmente lo que ocurre
es que la competencia aún no se ha manifestado plenamente. La hegemonía rara
vez se concede sin resistencia; más bien, se disputa en otros planos: el
interno, el partidista, el federal.
La
verdadera incógnita no es si Toño Astiazarán está hoy en el centro —eso parece
evidente—, sino si podrá sostener esa centralidad cuando el proceso se
formalice y entren en juego factores más duros: definiciones nacionales,
alineamientos partidistas y posibles candidaturas emergentes.
Porque toda hegemonía en
formación enfrenta tres riesgos:
1. La sobreexposición: estar
en el centro también implica convertirse en blanco.
2. La reacción del sistema:
ningún grupo dominante cede espacios sin negociar.
3. El exceso de confianza:
asumir que la contienda está resuelta antes de tiempo.
Aun
así, el momento político es claro: Toño Astiazarán no es solo un actor
relevante, sino el punto de convergencia de la coyuntura política sonorense.
La historia enseña que, en las
transiciones, quien logra colocarse en el centro del tablero tiene ventaja…
pero no garantía. La hegemonía no se declara: se construye, se defiende y,
sobre todo, se valida en el momento decisivo.
Sonora
se encamina hacia ese momento. Y hoy, todo indica que hay un actor que ya
entendió cómo llegar primero. Antonio Astiazaran.

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