Maestro Francisco Javier Aragón Salcido.
Desde la perspectiva
del Modelo de Análisis de Construcción de Hegemonía Territorial (MACHT),
que he desarrollado para estudiar los procesos de gobernanza y competencia
política en los territorios, es posible identificar, al menos, ocho factores
estructurales que ayudan a explicar por qué Cajeme y Hermosillo han
evolucionado hacia modelos de gobierno claramente diferenciados.
Mientras en Cajeme
Javier Lamarque mantiene rasgos predominantes de un gobierno vertical,
centralizado y de fuerte conducción política, en Hermosillo Toño
Astiazaran ha desarrollado un modelo relativamente más horizontal, participativo
y abierto a la interlocución con la sociedad civil.
Estas diferencias no
responden exclusivamente a la ideología del partido gobernante, sino a procesos
históricos, económicos, culturales e institucionales acumulados durante
décadas.
1. La cultura política
heredada. Durante gran parte del
siglo XX, Cajeme fue un municipio cuya vida política estuvo fuertemente mediada
por organizaciones corporativas, sindicatos, organizaciones campesinas y
estructuras partidistas altamente disciplinadas. Este legado favoreció una
cultura política donde la toma de decisiones se concentró en un reducido número
de actores, mientras que la participación ciudadana independiente ocupó un
lugar secundario.
Sin embargo, ese
tablero comenzó a modificarse con dos acontecimientos nacionales de enorme
trascendencia.
El primero fue la expropiación
de tierras impulsada por el presidente Luis Echeverría Álvarez entre 1975 y
1976, que alteró profundamente la estructura económica y social del Valle
del Yaqui.
El segundo ocurrió en 1982,
con la estatización de la banca decretada por José López Portillo,
medida que provocó una amplia reacción de los sectores empresariales y de las
clases medias, favoreciendo el crecimiento político del Partido Acción Nacional
(PAN).
Ambos acontecimientos
modificaron parcialmente el equilibrio político regional, aunque sin eliminar
completamente la cultura política centralizada que históricamente caracterizó a
Cajeme.
2. La lógica de los
programas sociales. Una parte importante de
la legitimidad política de Morena se ha construido mediante programas sociales
de carácter redistributivo.
En numerosos casos,
esta estrategia ha reproducido mecanismos de intermediación política semejantes
a los utilizados durante décadas por el antiguo régimen priista, fortaleciendo
una relación directa entre el gobierno y los beneficiarios, con escasa
participación de organizaciones ciudadanas autónomas en el diseño y evaluación
de las políticas públicas.
3. La crisis de
seguridad pública. Desde hace varios años,
Cajeme enfrenta elevados niveles de violencia e inseguridad. También resulta
notoria la presencia e influencia de población proveniente de Sinaloa, fenómeno
que ha transformado parcialmente la dinámica demográfica y social del
municipio.
Cuando la seguridad
pública se convierte en la principal preocupación ciudadana, los gobiernos
tienden a privilegiar decisiones rápidas, altamente centralizadas y con fuerte
control político.
Paralelamente, el miedo
reduce la disposición de los ciudadanos para organizarse, denunciar irregularidades
o participar activamente en los asuntos públicos, debilitando así los
mecanismos de gobernanza participativa.
4. La debilidad del
tejido asociativo. La fortaleza de la
gobernanza depende, en buena medida, de la existencia de un tejido social organizado.
Cuando las colonias
carecen de comités vecinales activos, existen pocas organizaciones de la
sociedad civil y predominan bajos niveles de participación comunitaria, el
gobierno dispone de escasos interlocutores con quienes construir políticas públicas
compartidas.
En esas circunstancias,
la administración pública termina asumiendo funciones que, en sociedades con
mayor capital social, suelen ser desarrolladas por la propia ciudadanía.
5. La centralización
partidista. Cuando las prioridades
políticas y administrativas se definen principalmente desde las dirigencias
partidistas o desde otros niveles de gobierno, el margen de autonomía de los
gobiernos municipales disminuye considerablemente. En estos contextos, las
decisiones estratégicas se concentran en pocos actores, reduciendo la capacidad
de innovación institucional y limitando la construcción de esquemas de
gobernanza horizontal.
6. Los incentivos
político-electorales. Todo modelo político
genera incentivos para su propia reproducción. Si un esquema sustentado en
programas sociales, estructuras partidistas disciplinadas y decisiones
altamente centralizadas ha producido victorias electorales reiteradas, los
incentivos para modificarlo son reducidos. Desde la lógica de los actores
políticos, cambiar una fórmula que ha demostrado eficacia electoral implica
asumir riesgos innecesarios.
7. La composición
social de Cajeme y Hermosillo. La estructura social de
ambos municipios presenta diferencias profundas.
Hermosillo concentra
una mayor presencia de instituciones gubernamentales, universidades, centros de
investigación, colegios de profesionistas, cámaras empresariales, empresas de
servicios especializados y una clase media considerablemente más amplia.
Estos sectores suelen
demandar mayores niveles de transparencia, deliberación pública, rendición de
cuentas y participación ciudadana.
Asimismo, la evolución
histórica de Hermosillo contribuyó a consolidar esta cultura política.
La actividad ganadera,
tradicionalmente de carácter familiar y hereditario, coexistió con el
desarrollo agrícola de la Costa de Hermosillo, impulsado desde 1946
bajo un modelo orientado hacia la inversión privada , las colonias , marginando
la organización ejidal. .
Posteriormente, los diversos
grupos empresariales y profesionales poblaron colonias como el Centenario,
Pitic, Modelo y San Benito, mientras que buena parte de la población ejidal
se asentó en el Poblado Miguel Alemán, Kino Viejo y el Ejido Plan de Ayala,
en Hermosillo, se ubicaron en las Colonias Olivares y , El Choyal .
Por el contrario,
Cajeme desarrolló una estructura económica distinta, fuertemente vinculada al
complejo agroindustrial del Valle del Yaqui, con dinámicas sociales e
históricas propias que dieron origen a una cultura política diferente.
A ello debe añadirse la
presencia histórica, ancestral y demográficamente significativa de la Nación
Yaqui, cuya identidad colectiva ha mostrado una notable capacidad para
preservar sus formas de organización y resistir procesos de aculturación,
constituyéndose en un actor territorial con lógica propia.
8. El estilo de
liderazgo. Finalmente, el tipo de
liderazgo ejercido por quienes gobiernan también influye decisivamente en el
modelo de gobernanza.
Existen
administraciones que privilegian la eficacia ejecutiva mediante una elevada
concentración de decisiones, mientras que otras consideran que el diálogo
permanente, la construcción de consensos y la participación ciudadana
fortalecen la legitimidad de las políticas públicas, aun cuando ello implique
procesos de decisión más lentos.
En consecuencia, el
modelo de gobierno que predomina en cada municipio no depende únicamente de la
voluntad del gobernante, sino de la interacción entre la cultura política, las
instituciones, la estructura social, el contexto de seguridad, los incentivos
electorales y el estilo de liderazgo que logra articular esos factores.

