Maestro Francisco
Javier Aragón Salcido.
Recientemente, el
senador Luis Donaldo Colosio Riojas ( @colosioriojas ) señaló que su padre
siempre tuvo la intención de ser gobernador de Sonora, versión que también ha
sido confirmada por Manlio Fabio Beltrones ( @MFBeltrones ).
De acuerdo con la
anécdota que relató Beltrones para periodistas de Fuerza Sur de Sonora, ambos
habrían acordado que Colosio Murrieta sería primero gobernador y posteriormente
Beltrones Rivera ; sin embargo, por decisiones internas, el entonces presidente
de la República, Carlos Salinas de Gortari, habría definido que en la elección
de 1991 el candidato a la gubernatura sería Manlio Fabio, argumentando que
“Luis Donaldo estaba preparado para cosas mayores”, por lo que en ese momento
se mantendría al frente del PRI nacional.
Finalmente, Beltrones Rivera
obtuvo la gubernatura en aquella elección y, tres años después, Luis Donaldo Colosio
fue designado candidato a la Presidencia
de la República. ¡Interesante información que pocos sabían! .
Este pasaje
enriquecería enormemente una biografía política
de Beltrones , porque aporta una dimensión histórica poco conocida: la relación
política y personal entre Luis Donaldo Colosio Murrieta y Manlio Fabio
Beltrones Rivera, dos figuras centrales de la generación política sonorense que
marcó la transición del México de finales del siglo XX.
La Historia que Pudo
Cambiar Sonora y México . Toda gran entrevista tiene momentos
inesperados. Pero algunas veces, en medio de una conversación sobre los
problemas del presente, aparece una ventana hacia los grandes secretos de la
historia política.
Eso ocurrió cuando
surgió el nombre de Luis Donaldo Colosio. No el candidato presidencial
convertido en símbolo nacional tras la tragedia de 1994. No la figura mítica
que quedó grabada en la memoria colectiva de México. Sino el político
sonorense. El hombre que soñaba con gobernar su tierra.
Según el relato de
Manlio , ambos políticos habían construido una relación de confianza y
entendimiento. No eran adversarios. Eran parte de una misma generación. Una
generación formada en las estructuras del PRI cuando éste dominaba la vida
pública nacional. Y, de acuerdo con la versión narrada por Beltrones, existía
incluso una especie de acuerdo político entre ambos. Luis Donaldo Colosio sería
primero gobernador de Sonora. Posteriormente vendría el turno de Manlio Fabio
Beltrones.
La sucesión parecía
lógica. Natural. Ordenada. Sin embargo, la política mexicana rara vez sigue
caminos previsibles. La última palabra no estaba en Hermosillo. Estaba en Los
Pinos. Y fue el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari,
quien habría modificado el rumbo de la historia.
Según la versión
compartida por Beltrones, Salinas de Gortari tomó una decisión estratégica. Consideró que
Luis Donaldo Colosio estaba destinado a responsabilidades mayores. Que su
horizonte político no debía limitarse a Sonora. Que su papel estaba en el
escenario nacional. Por ello permanecería al frente del PRI nacional. La
gubernatura de Sonora quedaría en manos de Beltrones.
Visto desde la
distancia del tiempo, aquella decisión parece una escena escrita por la propia
historia. En 1991, Beltrones ganó la gubernatura sonorense. Tres años después,
Colosio fue postulado como candidato presidencial del PRI.
La ruta diseñada desde
el centro del poder parecía conducir directamente a la Presidencia de la
República. Pero el destino tenía otros planes. El 23 de marzo de 1994, en
Tijuana, la historia política de México cambió para siempre. Colosio cayó
asesinado. Y con él desapareció una de las figuras que representaban la
posibilidad de una renovación política dentro del sistema.
Por eso esta anécdota
tiene un valor especial. No se trata únicamente de una curiosidad histórica. Es
una reflexión sobre los caminos alternativos que pudo haber seguido Sonora y
que pudo haber seguido México.
¿Qué habría ocurrido si
Colosio hubiera sido gobernador de Sonora en 1991? ¿Habría llegado igualmente a
la candidatura presidencial? ¿Habría cambiado el curso de los acontecimientos?
¿Habría sido distinto el futuro político del país? .
Nadie puede responder
esas preguntas. Pero la sola posibilidad convierte la historia en una de esas
fascinantes bifurcaciones que abundan en la política.
Lo que sí revela esta
anécdota es la cercanía política que existió entre dos de los sonorenses más
influyentes de las últimas décadas. Dos hombres que compartieron generación,
proyecto político y una visión común sobre el papel de Sonora dentro de la vida
nacional. Uno llegó a gobernar el estado. El otro estuvo a las puertas de la
Presidencia.
Y durante muchos años,
la historia oficial dejó en segundo plano que ambos habían imaginado un camino
político distinto. Quizá por eso el relato posee tanto valor. Porque no habla
solamente de candidaturas. Habla de destinos. De decisiones tomadas en los más
altos niveles del poder.
Y de esos momentos silenciosos
en los que una sola determinación presidencial puede alterar el curso de una
entidad federativa y, eventualmente, de toda una nación. En una entrevista
cargada de diagnósticos sobre el presente, esta anécdota permitió asomarse al
pasado.
Y recordó que, en
política, las historias más importantes suelen ser aquellas que nunca llegaron
a ocurrir. Este capítulo funciona muy bien como epílogo histórico de la
antología, porque conecta a Beltrones con la gran narrativa política de Sonora
y México: Colosio, Salinas, la sucesión de 1991 y el destino truncado de 1994.
Le da profundidad histórica y eleva la obra de una entrevista coyuntural a una
verdadera joya .

