martes, 2 de junio de 2026

SEGURIDAD, MEMORIA Y REALIDAD: LA RESPUESTA DE @ALFONSODURAZO A @MFBELTRONES BAJO LA LUPA.


Maestro Francisco Javier Aragón Salcido. 

La conferencia de prensa ofrecida por el gobernador Alfonso Durazo el 2 de junio de 2026, en respuesta a los supuestos cuestionamientos formulados por el senador Manlio Fabio Beltrones sobre la situación de seguridad en Sonora, constituye un ejercicio político digno de análisis no sólo por su contenido, sino también por la estrategia discursiva empleada.

Más que una respuesta técnica a las observaciones planteadas por el legislador sonorense, la intervención del mandatario estatal derivó en una revisión histórica de administraciones anteriores, acompañada de señalamientos políticos y valoraciones morales sobre actores del pasado. Sin embargo, al examinar cuidadosamente los argumentos expuestos, surge una interrogante fundamental: ¿respondió realmente Durazo a lo que dijo Beltrones?.

La respuesta parece ser negativa.

EL ARGUMENTO QUE NUNCA EXISTIÓ.

El punto central de la crítica formulada por Manlio Fabio Beltrones fue relativamente sencillo: la conducción de la seguridad pública en Sonora fue transferida gradualmente a instancias federales y militares, reduciendo la capacidad de decisión y operación de las autoridades estatales y municipales.

En ningún momento, al menos en las declaraciones conocidas públicamente, el senador Beltrones centró sus observaciones en Alfonso Durazo como persona ni responsabilizó exclusivamente a Claudia Pavlovich por la crisis de inseguridad. Su planteamiento fue institucional y estructural: cuestionó el modelo de seguridad adoptado durante los últimos 10 años.

Sin embargo, la respuesta del gobernador pareció orientarse hacia otro terreno.

Alfonso Durazo construyó una defensa basada en dos elementos: primero, argumentación AD HOMINEM, desacreditar moralmente a su interlocutor; segundo, presentar estadísticas históricas de homicidios para demostrar que el problema proviene de administraciones anteriores.

Pero ninguno de esos argumentos responde directamente al planteamiento original.

Se trata de una técnica política conocida: sustituir el debate de fondo por una confrontación sobre antecedentes históricos o responsabilidades acumuladas.

LA AUTORIDAD MORAL COMO ARGUMENTO POLÍTICO.

Una de las frases más llamativas de la conferencia fue cuando el gobernador afirmó:

“Muy difícilmente se puede tener autoridad moral para hablar del tema de seguridad cuando en tu propio gobierno no diste los mejores resultados”.

El problema de esta afirmación es que desplaza la discusión desde los resultados actuales hacia las credenciales del crítico.

En una democracia, la validez de una observación no depende necesariamente del historial de quien la formula, sino de la consistencia de los hechos que presenta.

Bajo esa lógica, incluso un exgobernador con errores o insuficiencias en su gestión conserva el derecho —y en muchos casos la obligación— de señalar problemas públicos cuando considera que éstos persisten.

La seguridad pública no es un tema que deba resolverse mediante concursos de autoridad moral, sino mediante diagnósticos objetivos y resultados verificables.

LAS CIFRAS: ¿EXPLICACIÓN O JUSTIFICACIÓN?.

El gobernador presentó una serie de gráficas sobre homicidios dolosos que abarcan desde 1991 hasta 2026, señalando aumentos o disminuciones durante distintos sexenios.

Las estadísticas son herramientas indispensables para comprender fenómenos complejos, pero también pueden utilizarse de forma selectiva.

La disminución de homicidios registrada durante la administración de Durazo es un dato relevante y merece ser reconocido si efectivamente se sostiene en las cifras oficiales. Sin embargo, una reducción porcentual no necesariamente implica que el problema esté resuelto ni elimina la percepción de inseguridad existente en amplias regiones del estado.

Además, comparar gobiernos separados por décadas presenta limitaciones evidentes.

El Sonora de principios de los años noventa no enfrentaba la misma realidad criminal que el Sonora contemporáneo. La expansión del crimen organizado transnacional, el tráfico de fentanilo, las disputas territoriales entre grupos criminales y la sofisticación de las redes delictivas configuran un escenario radicalmente distinto.

Por ello, las comparaciones históricas son útiles para contextualizar, pero insuficientes para explicar la situación actual.

EL RIESGO DE GOBERNAR MIRANDO HACIA ATRÁS.

Una característica recurrente de muchos gobiernos de MORENA es atribuir los problemas presentes a decisiones tomadas por administraciones anteriores.

Hasta cierto punto, ello es legítimo: los fenómenos de inseguridad suelen ser acumulativos y trascienden periodos gubernamentales.

No obstante, cuando un gobierno se encuentra en la segunda mitad de su mandato, la ciudadanía comienza a exigir explicaciones sobre el presente más que interpretaciones del pasado.

Después de casi cinco años de gestión, la pregunta relevante para los sonorenses no es únicamente quién inició el problema, sino quién tiene hoy la responsabilidad constitucional de resolverlo.

La historia puede explicar los orígenes de una crisis, pero no sustituye las obligaciones del gobernante en funciones.

BELTRONES Y DURAZO: DOS NARRATIVAS EN DISPUTA.

Lo ocurrido refleja algo más profundo que una simple diferencia de opiniones sobre seguridad.

Representa la confrontación entre dos narrativas políticas.

Por un lado, Alfonso Durazo sostiene que la militarización de la seguridad y la coordinación con el Gobierno Federal han producido resultados positivos medibles.

Por otro, Manlio Fabio Beltrones advierte sobre los riesgos de haber debilitado las capacidades locales y estatales para enfrentar la delincuencia.

Ambas posiciones merecen ser discutidas con seriedad.

Lo preocupante es que el debate termine reduciéndose a intercambios de responsabilidades históricas, cuando el verdadero interés público consiste en evaluar qué estrategia ofrece mejores resultados para proteger a los ciudadanos.

CONCLUSIÓN.

La respuesta del gobernador Alfonso Durazo exhibe una paradoja política.

Mientras intenta demostrar que la inseguridad es una herencia acumulada durante décadas, termina confirmando precisamente uno de los argumentos centrales de sus críticos: que el problema sigue siendo estructural y está lejos de resolverse definitivamente.

Las cifras pueden mostrar avances; los discursos pueden señalar culpables; las conferencias pueden construir narrativas.

Pero para los ciudadanos de Sonora la pregunta sigue siendo la misma: ¿se sienten hoy más seguros que ayer ?.

Esa es la única estadística que, al final del día, termina definiendo el juicio de la historia sobre cualquier gobierno.

 

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