Maestro Francisco
Javier Aragón Salcido
La verdadera campaña
hacia 2027 ya comenzó. La diferencia es que algunos todavía no se han dado ni cuenta.
En política existe una diferencia fundamental entre ser candidato y ejercer la
hegemonía. La candidatura es un acto jurídico; la hegemonía es un fenómeno
político que se construye mucho antes de que inicien las campañas.
En Sonora comienza a
observarse un fenómeno que merece analizarse con serenidad. Mientras Morena
concentra buena parte de sus esfuerzos en el proceso interno para designar a
quien será Coordinador Estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación, la
oposición parece haber avanzado varios pasos en la construcción de un liderazgo
hegemónico con presencia permanente en la conversación pública.
La evidencia más notoria
se encuentra en un terreno que hoy resulta indispensable para medir influencia
política: las redes sociales. En la plataforma X (antes Twitter), el alcalde de
Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez, supera los cincuenta mil
seguidores, mientras que el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano,
mantiene una comunidad digital considerablemente menor a los tres mil seguidores.
Desde luego, el número
de seguidores no determina por sí mismo el resultado de una elección; sin
embargo, sí constituye un indicador de alcance, capacidad de comunicación y
presencia en la agenda pública. La política contemporánea se libra, en buena
medida, en el espacio digital. Quien domina la conversación cotidiana adquiere
una ventaja competitiva antes incluso de que existan campañas constitucionales.
En 2024 sostuve que en
Sonora operaba una especie de triunvirato que ejercía la HEGEMONÍA, integrado
por el gobernador Alfonso Durazo, el alcalde Antonio Astiazarán y el senador
Manlio Fabio Beltrones.
Aquella interpretación
respondía al equilibrio político de ese momento. Hoy el escenario parece
distinto. Alfonso Durazo, por disposición de la Ley Electoral, ha reducido
significativamente su presencia en la discusión pública estatal. En términos
políticos, es el espacio que naturalmente debería ocupar el alcalde de Cajeme Javier
Lamarque Cano como principal referente histórico de Morena, quien no parece
haberse consolidado en la opinión pública, ni ante Morena, con la misma fuerza
comunicacional y territorial que ha logrado Toño Astiazaran.
Mientras ello ocurre,
Antonio Astiazarán continúa ampliando su presencia pública (HEGEMONIA) a lo
largo y ancho de Sonora, promoviendo su exitoso Programa CRECES de HMO, al través
de la ONG, Sonora con Todo. Paralelamente, el Senador con Licencia, Manlio
Fabio Beltrones mantiene un papel relevante como actor de enorme influencia
dentro del sistema político sonorense.
Como sea, ahora
testimoniamos que LA CLASE POLITICA, PAN-PRI-PRD, VUELVE POR SUS FUEROS y, cierra
filas en torno al HEGEMONICO, Toño Astiazaran. En efecto es muy
significativa la reactivación política de diversos grupos vinculados con los exgobernadores
como; Armando López Nogales, Eduardo Bours Castelo, Guillermo Padrés Elías y
Claudia Pavlovich Arellano. Aunque cada uno conserva agendas, estilos y
trayectorias propias, su presencia vuelve a formar parte del tablero político
sonorense.
No se trata
necesariamente de una alianza formal, sino de una convergencia de actores con
peso específico dentro de la política estatal. Desde luego que tienen sus intereses,
pero saben negociar, conciliar, consensar, cosa que no ocurre en Morena, que su
juego es sumo cero para el perdedor o minoritario. Eso es justamente lo que está haciendo añicos
al Movimiento de Regeneración Nacional.
Lo cierto es que, con
la emergencia de la CLASE POLITICA, Toño Astiazaran consiguió un sólido
BLINADAJE, pues, si los de MORENA lo atacan a él, TODOS, TODOS, los opositores,
al unisonó, entraran al debate. Desde una perspectiva estratégica, ello implica
que la oposición, UNDERGROUND, dispone hoy de toda una compleja y estratégica red
de experiencia política, territorial y organizativa que puede fortalecer su
capacidad para responder a las críticas provenientes de Morena, el Partido del
Trabajo y el Partido Verde.
Mientras tanto, Morena
enfrenta un desafío distinto. El prolongado proceso para definir mediante
encuestas a quien encabezará la coordinación estatal de la Cuarta
Transformación parece generar un costo de oportunidad, que desdibuja su impronta
positiva. El ciudadano común no conoce ni le interesa saber quiénes son los
contendientes y, todavía menos quien será el nominado.
