domingo, 19 de julio de 2026

La Clase Política, cierra filas en torno al HEGEMONICO, Toño Astiazaran.






Maestro Francisco Javier Aragón Salcido

La verdadera campaña hacia 2027 ya comenzó. La diferencia es que algunos todavía no se han dado ni cuenta. En política existe una diferencia fundamental entre ser candidato y ejercer la hegemonía. La candidatura es un acto jurídico; la hegemonía es un fenómeno político que se construye mucho antes de que inicien las campañas.

En Sonora comienza a observarse un fenómeno que merece analizarse con serenidad. Mientras Morena concentra buena parte de sus esfuerzos en el proceso interno para designar a quien será Coordinador Estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación, la oposición parece haber avanzado varios pasos en la construcción de un liderazgo hegemónico con presencia permanente en la conversación pública.

La evidencia más notoria se encuentra en un terreno que hoy resulta indispensable para medir influencia política: las redes sociales. En la plataforma X (antes Twitter), el alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez, supera los cincuenta mil seguidores, mientras que el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano, mantiene una comunidad digital considerablemente menor a los tres mil seguidores.

Desde luego, el número de seguidores no determina por sí mismo el resultado de una elección; sin embargo, sí constituye un indicador de alcance, capacidad de comunicación y presencia en la agenda pública. La política contemporánea se libra, en buena medida, en el espacio digital. Quien domina la conversación cotidiana adquiere una ventaja competitiva antes incluso de que existan campañas constitucionales.

En 2024 sostuve que en Sonora operaba una especie de triunvirato que ejercía la HEGEMONÍA, integrado por el gobernador Alfonso Durazo, el alcalde Antonio Astiazarán y el senador Manlio Fabio Beltrones.

Aquella interpretación respondía al equilibrio político de ese momento. Hoy el escenario parece distinto. Alfonso Durazo, por disposición de la Ley Electoral, ha reducido significativamente su presencia en la discusión pública estatal. En términos políticos, es el espacio que naturalmente debería ocupar el alcalde de Cajeme Javier Lamarque Cano como principal referente histórico de Morena, quien no parece haberse consolidado en la opinión pública, ni ante Morena, con la misma fuerza comunicacional y territorial que ha logrado Toño Astiazaran.

Mientras ello ocurre, Antonio Astiazarán continúa ampliando su presencia pública (HEGEMONIA) a lo largo y ancho de Sonora, promoviendo su exitoso Programa CRECES de HMO, al través de la ONG, Sonora con Todo. Paralelamente, el Senador con Licencia, Manlio Fabio Beltrones mantiene un papel relevante como actor de enorme influencia dentro del sistema político sonorense.

Como sea, ahora testimoniamos que LA CLASE POLITICA, PAN-PRI-PRD, VUELVE POR SUS FUEROS y, cierra filas   en torno al HEGEMONICO,  Toño Astiazaran. En efecto es muy significativa la reactivación política de diversos grupos vinculados con los exgobernadores como; Armando López Nogales, Eduardo Bours Castelo, Guillermo Padrés Elías y Claudia Pavlovich Arellano. Aunque cada uno conserva agendas, estilos y trayectorias propias, su presencia vuelve a formar parte del tablero político sonorense.

No se trata necesariamente de una alianza formal, sino de una convergencia de actores con peso específico dentro de la política estatal. Desde luego que tienen sus intereses, pero saben negociar, conciliar, consensar, cosa que no ocurre en Morena, que su juego es sumo cero para el perdedor o minoritario.  Eso es justamente lo que está haciendo añicos al Movimiento de Regeneración Nacional.

Lo cierto es que, con la emergencia de la CLASE POLITICA, Toño Astiazaran consiguió un sólido BLINADAJE, pues, si los de MORENA lo atacan a él, TODOS, TODOS, los opositores, al unisonó, entraran al debate. Desde una perspectiva estratégica, ello implica que la oposición, UNDERGROUND, dispone hoy de toda una compleja y estratégica red de experiencia política, territorial y organizativa que puede fortalecer su capacidad para responder a las críticas provenientes de Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde.

Mientras tanto, Morena enfrenta un desafío distinto. El prolongado proceso para definir mediante encuestas a quien encabezará la coordinación estatal de la Cuarta Transformación parece generar un costo de oportunidad, que desdibuja su impronta positiva. El ciudadano común no conoce ni le interesa saber quiénes son los contendientes y, todavía menos quien será el nominado.

 


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