lunes, 13 de julio de 2026

Qué hacer y por dónde empezar para ganar, Toño Astiazaran, Cajeme y, Javier Lamarque, Hermosillo.

Maestro Francisco Javier Aragón Salcido. 

Desde la perspectiva del Modelo de Análisis de Construcción de Hegemonía Territorial (MACHT), que he desarrollado para estudiar los procesos de gobernanza y competencia política en los territorios, es posible identificar, al menos, ocho factores estructurales que ayudan a explicar por qué Cajeme y Hermosillo han evolucionado hacia modelos de gobierno claramente diferenciados.

Mientras en Cajeme Javier Lamarque mantiene rasgos predominantes de un gobierno vertical, centralizado y de fuerte conducción política, en Hermosillo Toño Astiazaran ha desarrollado un modelo relativamente más horizontal, participativo y abierto a la interlocución con la sociedad civil.

Estas diferencias no responden exclusivamente a la ideología del partido gobernante, sino a procesos históricos, económicos, culturales e institucionales acumulados durante décadas.

1. La cultura política heredada.  Durante gran parte del siglo XX, Cajeme fue un municipio cuya vida política estuvo fuertemente mediada por organizaciones corporativas, sindicatos, organizaciones campesinas y estructuras partidistas altamente disciplinadas. Este legado favoreció una cultura política donde la toma de decisiones se concentró en un reducido número de actores, mientras que la participación ciudadana independiente ocupó un lugar secundario.

Sin embargo, ese tablero comenzó a modificarse con dos acontecimientos nacionales de enorme trascendencia.

El primero fue la expropiación de tierras impulsada por el presidente Luis Echeverría Álvarez entre 1975 y 1976, que alteró profundamente la estructura económica y social del Valle del Yaqui.

El segundo ocurrió en 1982, con la estatización de la banca decretada por José López Portillo, medida que provocó una amplia reacción de los sectores empresariales y de las clases medias, favoreciendo el crecimiento político del Partido Acción Nacional (PAN).

Ambos acontecimientos modificaron parcialmente el equilibrio político regional, aunque sin eliminar completamente la cultura política centralizada que históricamente caracterizó a Cajeme.

2. La lógica de los programas sociales.  Una parte importante de la legitimidad política de Morena se ha construido mediante programas sociales de carácter redistributivo.

En numerosos casos, esta estrategia ha reproducido mecanismos de intermediación política semejantes a los utilizados durante décadas por el antiguo régimen priista, fortaleciendo una relación directa entre el gobierno y los beneficiarios, con escasa participación de organizaciones ciudadanas autónomas en el diseño y evaluación de las políticas públicas.

3. La crisis de seguridad pública.  Desde hace varios años, Cajeme enfrenta elevados niveles de violencia e inseguridad. También resulta notoria la presencia e influencia de población proveniente de Sinaloa, fenómeno que ha transformado parcialmente la dinámica demográfica y social del municipio.

Cuando la seguridad pública se convierte en la principal preocupación ciudadana, los gobiernos tienden a privilegiar decisiones rápidas, altamente centralizadas y con fuerte control político.

Paralelamente, el miedo reduce la disposición de los ciudadanos para organizarse, denunciar irregularidades o participar activamente en los asuntos públicos, debilitando así los mecanismos de gobernanza participativa.

4. La debilidad del tejido asociativo.  La fortaleza de la gobernanza depende, en buena medida, de la existencia de un tejido social organizado.

Cuando las colonias carecen de comités vecinales activos, existen pocas organizaciones de la sociedad civil y predominan bajos niveles de participación comunitaria, el gobierno dispone de escasos interlocutores con quienes construir políticas públicas compartidas.

En esas circunstancias, la administración pública termina asumiendo funciones que, en sociedades con mayor capital social, suelen ser desarrolladas por la propia ciudadanía.

5. La centralización partidista.  Cuando las prioridades políticas y administrativas se definen principalmente desde las dirigencias partidistas o desde otros niveles de gobierno, el margen de autonomía de los gobiernos municipales disminuye considerablemente. En estos contextos, las decisiones estratégicas se concentran en pocos actores, reduciendo la capacidad de innovación institucional y limitando la construcción de esquemas de gobernanza horizontal.

6. Los incentivos político-electorales.  Todo modelo político genera incentivos para su propia reproducción. Si un esquema sustentado en programas sociales, estructuras partidistas disciplinadas y decisiones altamente centralizadas ha producido victorias electorales reiteradas, los incentivos para modificarlo son reducidos. Desde la lógica de los actores políticos, cambiar una fórmula que ha demostrado eficacia electoral implica asumir riesgos innecesarios.

7. La composición social de Cajeme y Hermosillo.  La estructura social de ambos municipios presenta diferencias profundas.

Hermosillo concentra una mayor presencia de instituciones gubernamentales, universidades, centros de investigación, colegios de profesionistas, cámaras empresariales, empresas de servicios especializados y una clase media considerablemente más amplia.

Estos sectores suelen demandar mayores niveles de transparencia, deliberación pública, rendición de cuentas y participación ciudadana.

Asimismo, la evolución histórica de Hermosillo contribuyó a consolidar esta cultura política.

La actividad ganadera, tradicionalmente de carácter familiar y hereditario, coexistió con el desarrollo agrícola de la Costa de Hermosillo, impulsado desde 1946 bajo un modelo orientado hacia la inversión privada ,  las colonias  ,  marginando la organización ejidal. .

Posteriormente, los diversos grupos empresariales y profesionales poblaron colonias como el Centenario, Pitic, Modelo y San Benito, mientras que buena parte de la población ejidal se asentó en el Poblado Miguel Alemán, Kino Viejo y el Ejido Plan de Ayala, en Hermosillo, se ubicaron en las Colonias Olivares y , El Choyal .

Por el contrario, Cajeme desarrolló una estructura económica distinta, fuertemente vinculada al complejo agroindustrial del Valle del Yaqui, con dinámicas sociales e históricas propias que dieron origen a una cultura política diferente.

A ello debe añadirse la presencia histórica, ancestral y demográficamente significativa de la Nación Yaqui, cuya identidad colectiva ha mostrado una notable capacidad para preservar sus formas de organización y resistir procesos de aculturación, constituyéndose en un actor territorial con lógica propia.

8. El estilo de liderazgo.  Finalmente, el tipo de liderazgo ejercido por quienes gobiernan también influye decisivamente en el modelo de gobernanza.

Existen administraciones que privilegian la eficacia ejecutiva mediante una elevada concentración de decisiones, mientras que otras consideran que el diálogo permanente, la construcción de consensos y la participación ciudadana fortalecen la legitimidad de las políticas públicas, aun cuando ello implique procesos de decisión más lentos.

En consecuencia, el modelo de gobierno que predomina en cada municipio no depende únicamente de la voluntad del gobernante, sino de la interacción entre la cultura política, las instituciones, la estructura social, el contexto de seguridad, los incentivos electorales y el estilo de liderazgo que logra articular esos factores.

 

domingo, 12 de julio de 2026

¿Por qué en Cajeme prevalece un modelo de gobierno más vertical y centralizado, mientras que en Hermosillo se observa uno más horizontal y participativo ?.

Maestro Francisco Javier Aragón Salcido

Hipótesis. La predominancia de un modelo de gobernanza vertical en un territorio no obedece exclusivamente a la ideología del partido que gobierna. El caso de Morena permite ilustrarlo con claridad.

En realidad, el tipo de gobernanza que se desarrolla en un municipio es el resultado de la interacción de diversos factores: la cultura política local, el diseño institucional, los incentivos electorales, el contexto de seguridad, la fortaleza del tejido asociativo, la estructura socioeconómica y el estilo de liderazgo.

Desde la perspectiva del Modelo de Análisis de Construcción de Hegemonía Territorial (MACHT) pueden identificarse, al menos, ocho factores que ayudan a explicar por qué Cajeme y Hermosillo han desarrollado modelos de gobernanza distintos.

1. La cultura política heredada.  Durante décadas, Cajeme fue un municipio donde la actividad política estuvo fuertemente mediada por organizaciones corporativas, sindicatos, organizaciones campesinas y estructuras partidistas altamente disciplinadas. Este legado favoreció una cultura política donde la toma de decisiones se concentraba en pocos actores y la participación ciudadana independiente ocupaba un espacio secundario.

2. La lógica de los programas sociales.  Morena ha construido una parte importante de su legitimidad política mediante programas de carácter redistributivo. En muchos casos, esta estrategia ha reproducido mecanismos de intermediación política semejantes a los que durante décadas utilizó el PRI. Además, la incorporación de numerosos cuadros priistas a Morena facilitó la continuidad de esas formas tradicionales de movilización y vinculación política.

3. La crisis de seguridad pública.  Desde hace varios años, Cajeme enfrenta elevados niveles de violencia e inseguridad. Cuando la seguridad se convierte en la principal preocupación de la población, los gobiernos suelen privilegiar decisiones rápidas y centralizadas. Al mismo tiempo, el temor reduce la disposición de los ciudadanos para organizarse, denunciar o participar activamente en los asuntos públicos.

4. La debilidad del tejido asociativo.  Si las colonias cuentan con pocos comités vecinales activos, escasas organizaciones de la sociedad civil o bajos niveles de participación comunitaria, el gobierno dispone de menos interlocutores para impulsar mecanismos de gobernanza participativa. En esas condiciones, la administración pública termina asumiendo funciones que, en contextos con mayor capital social, son desarrolladas por la propia ciudadanía.

5. La centralización partidista.  Cuando las prioridades políticas y administrativas se definen principalmente desde las dirigencias partidistas o desde otros niveles de gobierno, el margen de autonomía e innovación de los gobiernos municipales se reduce considerablemente. Como consecuencia, las decisiones estratégicas tienden a concentrarse y disminuyen los espacios para la participación local.

6. Los incentivos político-electorales.  Si un modelo sustentado en programas sociales, estructuras partidistas y decisiones centralizadas ha permitido obtener victorias electorales, existen pocos incentivos para modificarlo. Sólo cuando aumenta la competencia política o cambia el comportamiento del electorado surge la necesidad de innovar mediante esquemas más abiertos de participación ciudadana.

7. La composición social de Cajeme y Hermosillo.  La estructura social de ambos municipios presenta diferencias importantes.

Hermosillo concentra una mayor presencia de instituciones gubernamentales, universidades, colegios de profesionistas, cámaras empresariales, empresas de servicios especializados y una clase media más amplia, sectores que tradicionalmente demandan mayores espacios de diálogo, transparencia y participación.

Por el contrario, Cajeme posee una composición económica e histórica distinta, con una fuerte base agroindustrial y dinámicas sociales propias que han configurado una cultura política diferente.

8. El estilo de liderazgo.  Existen administraciones que privilegian la eficacia ejecutiva mediante una alta concentración de decisiones. Otras consideran que la construcción de consensos, el diálogo y la participación ciudadana fortalecen la legitimidad de las políticas públicas, aun cuando ello implique procesos más lentos. En consecuencia, el liderazgo puede reforzar un modelo vertical de gobernanza o impulsar uno más horizontal y participativo.