Maestro Francisco Javier Aragón Salcido
Hipótesis. La predominancia de un
modelo de gobernanza vertical en un territorio no obedece exclusivamente a la
ideología del partido que gobierna. El caso de Morena permite ilustrarlo con
claridad.
En realidad, el tipo de
gobernanza que se desarrolla en un municipio es el resultado de la interacción
de diversos factores: la cultura política local, el diseño institucional, los
incentivos electorales, el contexto de seguridad, la fortaleza del tejido
asociativo, la estructura socioeconómica y el estilo de liderazgo.
Desde la perspectiva
del Modelo de Análisis de Construcción de Hegemonía Territorial (MACHT)
pueden identificarse, al menos, ocho factores que ayudan a explicar por qué
Cajeme y Hermosillo han desarrollado modelos de gobernanza distintos.
1. La cultura política
heredada. Durante décadas, Cajeme
fue un municipio donde la actividad política estuvo fuertemente mediada por
organizaciones corporativas, sindicatos, organizaciones campesinas y
estructuras partidistas altamente disciplinadas. Este legado favoreció una
cultura política donde la toma de decisiones se concentraba en pocos actores y
la participación ciudadana independiente ocupaba un espacio secundario.
2. La lógica de los
programas sociales. Morena ha construido
una parte importante de su legitimidad política mediante programas de carácter
redistributivo. En muchos casos, esta estrategia ha reproducido
mecanismos de intermediación política semejantes a los que durante décadas
utilizó el PRI. Además, la incorporación de numerosos cuadros priistas a Morena
facilitó la continuidad de esas formas tradicionales de movilización y
vinculación política.
3. La crisis de
seguridad pública. Desde hace varios años,
Cajeme enfrenta elevados niveles de violencia e inseguridad. Cuando la
seguridad se convierte en la principal preocupación de la población, los gobiernos
suelen privilegiar decisiones rápidas y centralizadas. Al mismo tiempo, el
temor reduce la disposición de los ciudadanos para organizarse, denunciar o
participar activamente en los asuntos públicos.
4. La debilidad del
tejido asociativo. Si las colonias cuentan
con pocos comités vecinales activos, escasas organizaciones de la sociedad
civil o bajos niveles de participación comunitaria, el gobierno dispone de
menos interlocutores para impulsar mecanismos de gobernanza participativa. En
esas condiciones, la administración pública termina asumiendo funciones que, en
contextos con mayor capital social, son desarrolladas por la propia ciudadanía.
5. La centralización
partidista. Cuando las prioridades
políticas y administrativas se definen principalmente desde las dirigencias
partidistas o desde otros niveles de gobierno, el margen de autonomía e
innovación de los gobiernos municipales se reduce considerablemente. Como
consecuencia, las decisiones estratégicas tienden a concentrarse y disminuyen
los espacios para la participación local.
6. Los incentivos
político-electorales. Si un modelo sustentado
en programas sociales, estructuras partidistas y decisiones centralizadas ha
permitido obtener victorias electorales, existen pocos incentivos para modificarlo.
Sólo cuando aumenta la competencia política o cambia el comportamiento del
electorado surge la necesidad de innovar mediante esquemas más abiertos de
participación ciudadana.
7. La composición
social de Cajeme y Hermosillo. La estructura social de
ambos municipios presenta diferencias importantes.
Hermosillo concentra
una mayor presencia de instituciones gubernamentales, universidades, colegios
de profesionistas, cámaras empresariales, empresas de servicios especializados
y una clase media más amplia, sectores que tradicionalmente demandan mayores
espacios de diálogo, transparencia y participación.
Por el contrario,
Cajeme posee una composición económica e histórica distinta, con una fuerte
base agroindustrial y dinámicas sociales propias que han configurado una
cultura política diferente.
8. El estilo de
liderazgo. Existen
administraciones que privilegian la eficacia ejecutiva mediante una alta
concentración de decisiones. Otras consideran que la construcción de consensos,
el diálogo y la participación ciudadana fortalecen la legitimidad de las
políticas públicas, aun cuando ello implique procesos más lentos. En
consecuencia, el liderazgo puede reforzar un modelo vertical de gobernanza o
impulsar uno más horizontal y participativo.
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