domingo, 12 de julio de 2026

¿Por qué en Cajeme prevalece un modelo de gobierno más vertical y centralizado, mientras que en Hermosillo se observa uno más horizontal y participativo ?.

Maestro Francisco Javier Aragón Salcido

Hipótesis. La predominancia de un modelo de gobernanza vertical en un territorio no obedece exclusivamente a la ideología del partido que gobierna. El caso de Morena permite ilustrarlo con claridad.

En realidad, el tipo de gobernanza que se desarrolla en un municipio es el resultado de la interacción de diversos factores: la cultura política local, el diseño institucional, los incentivos electorales, el contexto de seguridad, la fortaleza del tejido asociativo, la estructura socioeconómica y el estilo de liderazgo.

Desde la perspectiva del Modelo de Análisis de Construcción de Hegemonía Territorial (MACHT) pueden identificarse, al menos, ocho factores que ayudan a explicar por qué Cajeme y Hermosillo han desarrollado modelos de gobernanza distintos.

1. La cultura política heredada.  Durante décadas, Cajeme fue un municipio donde la actividad política estuvo fuertemente mediada por organizaciones corporativas, sindicatos, organizaciones campesinas y estructuras partidistas altamente disciplinadas. Este legado favoreció una cultura política donde la toma de decisiones se concentraba en pocos actores y la participación ciudadana independiente ocupaba un espacio secundario.

2. La lógica de los programas sociales.  Morena ha construido una parte importante de su legitimidad política mediante programas de carácter redistributivo. En muchos casos, esta estrategia ha reproducido mecanismos de intermediación política semejantes a los que durante décadas utilizó el PRI. Además, la incorporación de numerosos cuadros priistas a Morena facilitó la continuidad de esas formas tradicionales de movilización y vinculación política.

3. La crisis de seguridad pública.  Desde hace varios años, Cajeme enfrenta elevados niveles de violencia e inseguridad. Cuando la seguridad se convierte en la principal preocupación de la población, los gobiernos suelen privilegiar decisiones rápidas y centralizadas. Al mismo tiempo, el temor reduce la disposición de los ciudadanos para organizarse, denunciar o participar activamente en los asuntos públicos.

4. La debilidad del tejido asociativo.  Si las colonias cuentan con pocos comités vecinales activos, escasas organizaciones de la sociedad civil o bajos niveles de participación comunitaria, el gobierno dispone de menos interlocutores para impulsar mecanismos de gobernanza participativa. En esas condiciones, la administración pública termina asumiendo funciones que, en contextos con mayor capital social, son desarrolladas por la propia ciudadanía.

5. La centralización partidista.  Cuando las prioridades políticas y administrativas se definen principalmente desde las dirigencias partidistas o desde otros niveles de gobierno, el margen de autonomía e innovación de los gobiernos municipales se reduce considerablemente. Como consecuencia, las decisiones estratégicas tienden a concentrarse y disminuyen los espacios para la participación local.

6. Los incentivos político-electorales.  Si un modelo sustentado en programas sociales, estructuras partidistas y decisiones centralizadas ha permitido obtener victorias electorales, existen pocos incentivos para modificarlo. Sólo cuando aumenta la competencia política o cambia el comportamiento del electorado surge la necesidad de innovar mediante esquemas más abiertos de participación ciudadana.

7. La composición social de Cajeme y Hermosillo.  La estructura social de ambos municipios presenta diferencias importantes.

Hermosillo concentra una mayor presencia de instituciones gubernamentales, universidades, colegios de profesionistas, cámaras empresariales, empresas de servicios especializados y una clase media más amplia, sectores que tradicionalmente demandan mayores espacios de diálogo, transparencia y participación.

Por el contrario, Cajeme posee una composición económica e histórica distinta, con una fuerte base agroindustrial y dinámicas sociales propias que han configurado una cultura política diferente.

8. El estilo de liderazgo.  Existen administraciones que privilegian la eficacia ejecutiva mediante una alta concentración de decisiones. Otras consideran que la construcción de consensos, el diálogo y la participación ciudadana fortalecen la legitimidad de las políticas públicas, aun cuando ello implique procesos más lentos. En consecuencia, el liderazgo puede reforzar un modelo vertical de gobernanza o impulsar uno más horizontal y participativo.


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