Maestro Francisco
Javier Aragón Salcido.
Contexto político. Aunque formalmente se presenta como una
reflexión personal, el documento tiene una clara dimensión política e
institucional.
AUTODEFENZA FRUSTRADA. - Ese es precisamente uno de los puntos
más debatibles de la narrativa planteada por Andrés Manuel López Obrador.
Desde una perspectiva
analítica, concreta, objetiva, conviene distinguir tres planos diferentes que
suelen mezclarse en el discurso político:
1.
La soberanía nacional de México.
2.
La investidura de la presidenta Claudia Sheinbaum
Pardo.
3.
La actuación y honorabilidad de la coalición política
gobernante constituida por AMLO; MORENA, PARTIDO VERDE, PARTIDO DEL TRABAJO.
En esa virtud, una SEVERA
crítica a la tercera, NO implica un ataque a las dos primeras; Soberanía y, a
la Presidenta.
Ahora bien y, si
autoridades, legisladores o agencias estadounidenses cuestionan la eficacia de
las políticas de seguridad, la expansión del crimen organizado, la producción o
tráfico de fentanilo, o incluso presuntos vínculos de actores políticos con
organizaciones criminales, el objeto de la crítica es el desempeño de
gobiernos, instituciones o personas específicas, pero de MORENA.
Casos de los gobernadores:
Marina del Pilar Ávila de B.C., Rubén Rocha Moya de Sinaloa, Américo Villarreal
de Tamaulipas y, Alfonso Durazo de Sonora.
Jurídicamente y
políticamente, eso no equivale automáticamente a una agresión contra la
soberanía mexicana.
De hecho, en los
sistemas democráticos modernos existe una diferencia fundamental entre:
- cuestionar al Estado mexicano;
- cuestionar a un gobierno;
- cuestionar a un partido;
- cuestionar a determinados
funcionarios.
El problema aparece
cuando esas categorías se fusionan deliberadamente en el discurso público.
Según AMLO, si alguien
critica a Morena y la respuesta es "están atacando a México", se
produce una identificación entre partido y nación.
Si alguien cuestiona a
funcionarios de la llamada Cuarta Transformación y la respuesta es "están
atacando a la Presidenta", se produce una identificación entre gobierno y
proyecto político.
Es evidente que cadena
lógica no necesariamente se sostiene por sí sola, ya que No existe un respaldo abierto
y masivo de la SOCIEDAD CIVIL a la Clase Política de Morena.
No obstante, desde la
perspectiva de Morena podría argumentarse: que ciertos actores estadounidenses
utilizan temas legítimos —como narcotráfico, migración o seguridad— para
influir políticamente en México y debilitar al bloque gobernante.
La cuestión central,
entonces, no es si existe o no soberanía nacional —porque nadie discute que
México es un Estado soberano—, sino si los señalamientos provenientes de
Estados Unidos están dirigidos contra México como nación o contra la
credibilidad, eficacia y honorabilidad de sectores específicos de la clase
política gobernante.
Bajo esa interpretación,
la observación es relevante: el debate parece estar girando menos alrededor de
la soberanía nacional, la Presidenta Claudia Sheinbaum y, desde luego más
alrededor de la legitimidad política y moral de la coalición construida por el
ex Presidente Andres Manuel López Obrador desde 2018.
Ahí es donde se
concentra la verdadera disputa política, y mucho me temo que AMLO, MORENA y la
Presidenta Claudia Sheinbaum, están perdiendo no solo la batalla, sino la
guerra política misma.
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