Maestro Francisco Javier Aragón Salcido
El proceso para designar al Coordinador de la Cuarta Transformación en
Sonora ha entrado en una etapa inédita. Nunca antes Morena había prolongado
tanto la definición de su liderazgo político -manteniéndolo la competencia por más de un año- , entre
varios aspirantes sin que aún exista un perfil con ventaja claramente
consolidada. Sus mensajes inundan el ambiente o bien, se han deslucido .
Es el caso que Morena ya no es únicamente un movimiento político; es el
partido gobernante y, como tal, enfrenta las exigencias propias del ejercicio
del poder.
Además, no ha logrado construir una OFERTA POLÍTICA suficientemente cercana y atractiva para
amplios sectores de la Sociedad Civil, particularmente para las clases medias
urbanas y los votantes independientes. En este contexto la ciudadanía ya no
evalúa solamente las promesas de cambio, sino los resultados concretos de los
gobiernos.
La prolongación del proceso interno comienza a generar costos políticos
visibles. El primero es el desgaste entre los propios aspirantes y sus grupos
de apoyo. Cada semana de indefinición incrementa la especulación, dificulta la
construcción de un discurso unificado y retrasa la integración de un proyecto
común, aun cuando la dirigencia nacional insista en privilegiar la unidad.
El segundo costo, y probablemente el más importante, es la disminución
del interés ciudadano. Mientras en procesos anteriores la definición de la
candidatura despertaba una amplia expectativa social, hoy la atención pública
se concentra principalmente en problemas como la seguridad, la economía
familiar, el empleo, la salud, la educación y los servicios públicos. El debate
interno de Morena parece interesar más a la clase política que al electorado.
Esta percepción encuentra respaldo en los indicadores demoscópicos.
Diversas mediciones muestran que la aprobación de la presidenta Claudia
Sheinbaum, aunque continúa siendo alta, ha descendido de niveles cercanos al 80
% a un promedio aproximado del 70 %. Paralelamente, la intención de voto hacia
Morena para la elección de 2027 ha disminuido, en promedio, del 52 % al 40 %.
Estos datos no significan que Morena haya dejado de ser la principal
fuerza política del país; indican, más bien, que el respaldo ciudadano ha
dejado de depender exclusivamente del impulso histórico del movimiento y
comienza a estar condicionado por la evaluación del desempeño gubernamental.
Por ello, la definición del próximo Coordinador de la Cuarta
Transformación en Sonora tiene una importancia estratégica. Morena no sólo
necesita seleccionar al aspirante mejor posicionado en las encuestas internas;
requiere un liderazgo con capacidad para ampliar su base electoral, recuperar
el interés de los votantes independientes, fortalecer el vínculo con la
sociedad civil y construir una narrativa de futuro que vaya más allá de la
continuidad administrativa.
Mientras tanto, la oposición aprovecha el tiempo que Morena dedica a
resolver su competencia interna para reorganizar sus estructuras, fortalecer
alianzas y construir una oferta política orientada hacia los sectores moderados
y las clases medias urbanas. En política, los espacios que un partido deja
vacantes suelen ser ocupados por sus adversarios.
El principal riesgo para Morena no radica en el número de aspirantes,
sino en la prolongación excesiva de la incertidumbre. La experiencia comparada
demuestra que los procesos internos demasiado largos generan fatiga política,
desgaste mediático y pérdida de atención pública. Cuando esto ocurre, el
partido puede iniciar la campaña con un candidato legítimo para la militancia,
pero sin haber despertado el entusiasmo suficiente entre los ciudadanos.
La incertidumbre puede administrarse mediante decisiones oportunas y
liderazgos sólidos; la indiferencia ciudadana, en cambio, suele convertirse en
el primer síntoma del desgaste político. Ese es, probablemente, el mayor
desafío que Morena enfrentará rumbo a la elección de 2027.

