Maestro Francisco Javier Aragón Salcido.
En Sonora, la
conversación política ya cambió. No de forma abrupta, pero sí lo suficiente
para encender alertas entre quienes entienden que las elecciones no se ganan
solo con estructura, sino con percepción.
Hoy, Morena sigue
siendo la fuerza dominante en el estado. El gobernador Alfonso Durazo mantiene
el control político, pero también enfrenta el desgaste natural del ejercicio
del poder.
La seguridad, la economía
familiar y los resultados tangibles empiezan a pesar más que la narrativa. Y
ese es el punto clave: cuando la expectativa se transforma en evaluación, el
terreno se vuelve más competitivo.
En ese contexto, la
definición interna de Morena será determinante. Nombres como; Lorenia Valles, Javier
Lamarque, Heriberto Aguilar, Adolfo Salazar, María Dolores del Rio, Froylan Gámez,
Octavio Almada, Ana Gabriela Guevara , Karla Córdova, Fernando Rojo, Paulina
Ocaña, y Célida López Cárdenas representan distintas rutas, pero también
evidencian un riesgo: la fragmentación.
Porque si algo puede
debilitar al oficialismo no es la oposición… es la falta de cohesión interna.
Del otro lado, la
oposición intenta reorganizarse. El alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán
Gutiérrez, ha construido una base política solida a nivel estatal desde la gestión local. En el
PRI, figuras como el ex gobernador y actual senador Manlio Fabio Beltrones
siguen teniendo influencia y gran peso en la operación política.
Pero más allá de los esquemas
tradicionales, comienza a perfilarse una figura que vale la pena observar con
atención: Víctor Hugo Celaya Celaya.
A diferencia de otros aspirantes,
Victor Hugo Celaya no aparece desde la estridencia ni desde la confrontación
permanente. Lo distingue un alto perfil ciudadano, político, e intelectual,
mismas cualidades que le otorgan un posicionamiento más estratégico: ya que su trayectoria
implica eficacia, dialogo, experiencia de gobierno, y una narrativa centrada en
reconstruir la institucionalidad en un momento donde la ciudadanía empieza a
demandar certezas y en vez de promesas .
En un escenario de
desgaste del oficialismo y de dispersión opositora, ese tipo de perfil puede
convertirse en un punto de equilibrio.
No es menor el dato: en
procesos intermedios, los electores suelen inclinarse por opciones que
transmiten estabilidad más que confrontación. Y ahí es donde figuras con
capacidad de articulación —más que de polarización— encuentran espacio.
Además, en un entorno
donde los señalamientos de corrupción a nivel nacional han permeado en la
percepción local, el electorado comienza a valorar con mayor rigor la
congruencia entre discurso y trayectoria.
Es esa virtud han perdido
relevancia los slogans favoritos de MORENA; del
no mentir, no robar, y no traicionar; o el de que la oposición esta
moralmente derrotada, o bien la que afirma que el pueblo bueno y sabio nos
respalda incondicionalmente.
Ese cambio en la
conversación digital no define por sí mismo una elección, pero sí condiciona el
terreno en el que se va a competir.
Y en Sonora, ese
terreno ya no es el mismo de hace seis años. Rumbo a 2027, la elección no será
únicamente entre partidos, sino entre estilos de hacer política:
- Continuidad con ajustes.
- Ruptura con incertidumbre.
- O reconstrucción con orden.
En ese abanico, algunos
perfiles buscarán imponerse por estructura, otros por narrativa.
Pero serán pocos los
que logren conectar con una ciudadanía que hoy no solo escucha… sino que
compara, cuestiona y decide con mayor exigencia.
Y ahí, en ese nuevo
ánimo social, es donde ciertas candidaturas —si saben leer el momento— pueden
dejar de ser posibilidad… para convertirse en alternativa real.
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