Maestro Francisco Javier Aragón Salcido
En Sonora, el proceso
sucesorio de 2027 comienza a revelar dos formas distintas de entender la
política. Por un lado, los múltiples aspirantes de Morena a la Coordinación de
la Defensa de la Soberanía y la Transformación —El PUNTERO Javier Lamarque
Cano, Lorenia Valles Sampedro, Célida López Cárdenas, Froylan Gámez Gamboa,
María Dolores del Río Sánchez y Omar Del Valle Colosio— desarrollan una intensa
actividad territorial mediante asambleas informativas y reuniones orientadas a
fortalecer el movimiento. Pero es evidente la dispersión del trabajo y, lo
disímbolo de los proyectos individuales.
Nadie puede cuestionar el
derecho de un partido a organizarse. Sería absurdo. Lo que merece análisis es
el sentido estratégico de ese esfuerzo. La inmensa mayoría de esas actividades
ocurre entre militantes, simpatizantes y estructuras ya identificadas con
Morena. Es decir, el trabajo político parece concentrarse, principalmente, en
el interior del propio movimiento. Su acción política se dirige hacia adentro.
Mientras tanto, el alcalde de
Hermosillo, EL RETADOR, Antonio Astiazarán Gutiérrez, desarrolla una estrategia
distinta. Mediante la agrupación "Sonora con Todo”, se convoca a
cabalgatas, encuentros deportivos, festivales, jornadas comunitarias y
actividades donde convergen organizaciones de la sociedad civil, cámaras
empresariales, colegios de profesionistas, clubes de servicio, productores,
jóvenes y liderazgos sociales de diversos orígenes.
Su narrativa es simple, pero
eficaz: "Yo sí voy". “Yo si le entro “no busca únicamente
fortalecer una estructura partidista. Busca construir una comunidad política mucho
más amplia.
Atención Morena. El partido no
es la sociedad. Aquí aparece una confusión frecuente en los
partidos que gobiernan. Suponer que la fortaleza del partido equivale a
la fortaleza de la sociedad. No es así. El partido es un instrumento de
competencia electoral.
La sociedad civil constituye
el espacio donde viven, producen, deliberan y se organizan millones de
ciudadanos que participan en cámaras empresariales, universidades, asociaciones
de vecinos, clubes de servicio, colectivos ciudadanos, sindicatos,
organizaciones religiosas, agrupaciones culturales, organismos de beneficencia
y múltiples expresiones que no dependen de ningún partido.
Precisamente por ello,
Norberto Bobbio distinguía con claridad entre el Estado y la Sociedad Civil. El
primero dispone del poder institucional; la segunda produce legitimidad,
participación y control democrático. Cuando un gobierno deja de escuchar a la
sociedad organizada, comienza a perder capacidad de conducción, aunque conserve
intacta su autoridad legal.
Amigos de Morena. La hegemonía no se decreta. La
aportación más importante de Antonio Gramsci fue demostrar que el poder no
descansa exclusivamente en el Estado. Los gobiernos pueden controlar las
instituciones y, sin embargo, perder la batalla cultural y política.
A esa capacidad para obtener
el consentimiento de la sociedad la llamó hegemonía. La hegemonía no se
sostiene únicamente con programas públicos ni con mayorías legislativas. Se
construye convenciendo. Escuchando. Dialogando. Incorporando nuevas demandas
sociales. Renovando permanentemente el vínculo entre gobierno y ciudadanía. Cuando
ese vínculo se debilita, el gobierno continúa administrando, pero deja de
conducir.
La política de la sociedad. Desde
esta perspectiva, la pregunta deja de ser quién realiza más eventos. La
pregunta correcta es: ¿qué líder o partido está construyendo un mejor y
eficaz proyecto político? Si la
energía se concentra exclusivamente en la militancia, el partido puede
fortalecerse, pero la sociedad permanece igual.
Si el esfuerzo se dirige hacia
organizaciones ciudadanas, sectores productivos, universidades, jóvenes,
mujeres, profesionistas y comunidades, entonces comienza a construirse algo más
amplio que un partido: una mayoría social.
Eso parece explicar la
diferencia entre ambas estrategias. Morena privilegia, por ahora, la cohesión
interna. No son estrategias incompatibles. Pero sí responden a momentos
distintos.
A todas luces el éxito de Antonio
Astiazarán es que apuesta por ampliar su presencia entre sectores que no
necesariamente pertenecen a una organización partidista.
La advertencia de Sartori. Giovanni
Sartori sostenía que la democracia pierde calidad cuando los partidos terminan
hablando únicamente entre ellos. Ese riesgo existe siempre que la
competencia interna absorbe toda la energía política.
Las democracias saludables
exigen partidos fuertes, sí; pero también una sociedad civil vigorosa, crítica
y participativa. Quien olvida esa realidad corre el riesgo de ganar una
candidatura y perder una elección.
La verdadera elección. Con
frecuencia se afirma que la sucesión de 2027 se decidirá en las encuestas. Es
una afirmación parcialmente cierta. Las encuestas podrán influir en la
definición de una candidatura. Pero no decidirán la elección
constitucional.
La elección la decidirán
ciudadanos que, en su inmensa mayoría, no asisten a reuniones partidistas, no
ocupan cargos en estructuras políticas y no participan en los debates internos
de los partidos.
Votan desde su experiencia
cotidiana. Desde la confianza que les inspira un liderazgo. Desde la percepción
de quién entiende mejor los problemas de Sonora. Por eso, la gran disputa de
los próximos meses no será solamente por una candidatura.
Será por la construcción de
una hegemonía democrática, entendida como la capacidad de articular un
proyecto compartido por amplios sectores de la sociedad.
Quien crea que basta con
gobernar para conservar el poder puede descubrir demasiado tarde que las instituciones
se administran desde el gobierno, pero la legitimidad se construye todos los
días en la sociedad. En política, las candidaturas las otorgan los partidos. Las
victorias las concede la ciudadanía. Y la ciudadanía siempre termina
respaldando a quien logra conducir, no solamente gobernar. Y esa es la ventaja
competitiva de Toño Astiazaran.

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