Maestro Francisco Javier Aragón Salcido.
Ese es precisamente el
punto más delicado del momento político mexicano: ya no se trata únicamente de
acusaciones concretas o expedientes judiciales, sino de la consolidación de una
narrativa social de largo alcance. Y en política contemporánea, cuando una
percepción colectiva se convierte en “verdad emocional”, su impacto puede ser
más poderoso que las pruebas mismas.
Sin afirmar hechos no
comprobados, sí puede analizarse cómo se ha instalado en sectores de la opinión
pública la idea de que Morena y particularmente los liderazgos de Andrés Manuel
López Obrador habrían mantenido una relación de tolerancia o coexistencia
funcional con organizaciones criminales como el Cártel de Sinaloa o el Cártel
Jalisco Nueva Generación.
El problema político no
es solamente la acusación.
El problema es que esa narrativa comienza a adquirir apariencia de plausibilidad
y verdad social.
Y eso ocurre por varios
factores simultáneos:
- la expansión territorial del crimen
organizado;
- la política de “abrazos, no
balazos” percibida por amplios sectores como permisiva;
- los episodios de violencia extrema
en Sinaloa, Michoacán, Guanajuato, Tamaulipas, Zacatecas y Guerrero;
- las imágenes de deferencia política
hacia familiares de líderes criminales,
- y la creciente presión de agencias
estadounidenses.
En términos de guerra
política y percepción pública, Morena enfrenta un riesgo enorme:
que el discurso opositor deje de ser necesario porque la propia ciudadanía
empiece a llenar los vacíos narrativos por sí misma.
El PRI y el PAN:
Prudencia Histórica frente al Narco.
Históricamente, los
gobiernos priistas y panistas evitaron convertir el tema del narcotráfico en un
debate partidista frontal porque entendían dos cosas:
1.
El
narcotráfico es un asunto de seguridad nacional, no solamente electoral.
2.
La
confrontación abierta podía desestabilizar al Estado mismo.
Por ello, muchas veces
delegaron:
- la contención estratégica al
Ejército Mexicano;
- y la cooperación operativa a
agencias de Estados Unidos.
Eso no significa
ausencia de corrupción o complicidades históricas —que también existieron—,
sino que existía una lógica de contención institucional más discreta.
La diferencia actual es
que Morena convirtió buena parte del conflicto en una disputa ideológica y
narrativa:
- atacando a organismos autónomos,
- confrontando agencias
estadounidenses,
- debilitando contrapesos,
- y politizando la relación bilateral
en materia de seguridad.
El Factor Geopolítico:
“Escudo de las Américas”.
La exclusión o
distancia de México respecto a esquemas hemisféricos impulsados por Estados
Unidos —como lo que mencionas sobre “Escudo de las Américas”— incrementa la
percepción de aislamiento estratégico.
Aunque esos mecanismos
tienen dimensiones militares, tecnológicas y de inteligencia más complejas,
políticamente generan una lectura delicada:
si Washington
incrementa la cooperación regional en seguridad sin México como eje central, el
mensaje implícito es que existe desconfianza hacia el gobierno mexicano.
Y en geopolítica, la
percepción de desconfianza tiene consecuencias:
- presión diplomática;
- condicionamientos comerciales;
- vigilancia financiera;
- cooperación selectiva;
- y eventualmente filtraciones o
judicialización internacional.
El Punto Crítico:
Morena ya no controla completamente la narrativa.
Durante años, Morena
logró dominar el debate público mediante:
- polarización;
- legitimidad popular;
- control de agenda;
- y liderazgo carismático.
Pero cuando el tema se
desplaza hacia:
- crimen organizado,
- seguridad hemisférica,
- agencias estadounidenses,
- lavado de dinero,
- fentanilo,
- y cooperación militar,
el terreno cambia
completamente.
Ahí el interlocutor ya
no es solamente la opinión pública mexicana.
También son:
- Washington,
- el Pentágono,
- la DEA,
- el Departamento del Tesoro,
- y los sistemas internacionales de
inteligencia financiera.
Y ese es un espacio
donde la narrativa ideológica tiene menor eficacia.
El Riesgo Mayor de Morena:
La Deslegitimación Moral.
Lo más peligroso para
Morena no es una derrota electoral inmediata.
Es que empiece a
consolidarse internacionalmente la percepción de que México atraviesa una etapa
de captura parcial del poder político por estructuras criminales.
Porque una vez
instalada esa sospecha:
- cada elección será cuestionada;
- cada gobernador morenista será
observado;
- cada operación financiera será
vigilada;
- y cada crisis de violencia será
interpretada bajo el mismo lente.
La oposición
tradicional ha sido prudente porque entiende los riesgos sistémicos. Pero la
opinión pública digital no tiene esa prudencia institucional.
Las redes sociales,
filtraciones y narrativas transnacionales están construyendo una narrativa “leyenda
política negra” que puede terminar erosionando más a Morena que cualquier
campaña opositora formal.
Y las narrativas y leyendas
políticas negras, cuando conectan con miedo social e inseguridad cotidiana,
suelen volverse extremadamente difíciles de desmontar.
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