Maestro
Francisco Javier Aragón Salcido.
Reconozco
y agradezco al periodista y estupendo analista político "El Zancudo" Arturo “El Chapo” Soto Munguía, cuya columna
sobre la reaparición de diversos actores políticos en Sonora constituye el
punto de partida de esta modesta reflexión. Aunque difiero de algunas de sus
conclusiones, considero que su trabajo periodístico aporta información y
observaciones valiosas que enriquecen el debate público.
Hay
expresiones periodísticas que, por su fuerza narrativa, terminan imponiéndose
sobre el fondo del debate. Hablar del "regreso de los muertos vivientes"
resulta eficaz como recurso literario, pero insuficiente como categoría de
análisis político.
Desde
la perspectiva del Modelo MACHT+ 360° (Modelo de Análisis para la Construcción
de Hegemonía Territorial), lo que hoy observamos en Sonora no es el regreso de
actores extinguidos, sino la reconfiguración natural del sistema político
conforme se aproxima la sucesión gubernamental de 2027.
Toda
democracia madura conserva memoria institucional. Y esa memoria tiene rostro.
Manlio
Fabio Beltrones, Armando López Nogales, Eduardo Bours Castelo, Guillermo Padrés
Elías y Claudia Pavlovich Arellano representan etapas distintas del desarrollo
político de Sonora. Cada uno gobernó bajo circunstancias diferentes, enfrentó
problemas específicos y dejó un legado compuesto por aciertos, errores,
decisiones acertadas, políticas discutibles y obras que forman parte de la
historia contemporánea del estado.
Pretender
que quienes ocuparon la más alta responsabilidad pública deban desaparecer de
la discusión política equivale a desconocer uno de los principios esenciales de
la democracia: los derechos políticos no concluyen cuando termina un mandato.
En
las democracias consolidadas resulta normal que expresidentes, exgobernadores y
ex primeros ministros continúen opinando, asesorando, promoviendo ideas e
incluso participando activamente en campañas electorales. La experiencia
política no prescribe por decreto.
El
análisis de Arturo Soto Munguía acierta al identificar un fenómeno evidente:
conforme se acerca el proceso electoral, resurgen liderazgos, se reacomodan
alianzas y los partidos comienzan a ampliar sus coaliciones.
Donde
estimo necesario ampliar la reflexión es en la explicación de ese fenómeno. La
incorporación de Manuel Ignacio "Maloro" Acosta al bloque encabezado
por Morena no constituye una anomalía. Es una manifestación del pragmatismo
electoral que ha caracterizado históricamente a todos los grandes partidos
mexicanos. El PRI integró durante décadas liderazgos provenientes de distintas
corrientes. El PAN hizo lo propio cuando amplió su presencia nacional.
Morena
construyó su mayoría precisamente mediante la incorporación de dirigentes
provenientes del PRI, del PAN, del PRD, del Partido Verde, de Movimiento
Ciudadano e incluso de organizaciones ciudadanas. No se trata de una excepción;
se trata de la lógica mediante la cual se construyen las grandes coaliciones
políticas.
Desde
el Modelo MACHT+ 360°, la hegemonía no se sostiene únicamente sobre una
identidad ideológica homogénea. Se construye articulando liderazgos,
territorios, organizaciones sociales, recursos institucionales, narrativas,
capacidades electorales y mecanismos de gobernabilidad.
Por
ello, el verdadero debate no consiste en determinar quién proviene de qué
partido, sino en preguntarnos qué capacidades aporta cada liderazgo para
construir gobernabilidad democrática. Reducir la discusión a la biografía
partidista de los actores significa ignorar la dinámica propia de los sistemas
competitivos.
También
conviene evitar otro error frecuente: evaluar a los exgobernadores
exclusivamente desde la lógica de la confrontación política actual.
Cada
administración debe ser analizada en su propio contexto histórico. Beltrones
impulsó profundas transformaciones institucionales y de infraestructura. López
Nogales enfrentó una compleja transición política y administrativa. Bours
Castelo promovió proyectos estratégicos de inversión y modernización. Guillermo
Padrés impulsó diversas obras públicas y reformas que siguen siendo objeto de
debate. Claudia Pavlovich condujo al estado durante una etapa particularmente
compleja marcada por restricciones presupuestales y, posteriormente, por la
pandemia de COVID-19.
Ninguna
administración puede resumirse únicamente en sus controversias, como tampoco
únicamente en sus logros. La historia exige evaluaciones equilibradas. En
realidad, el fenómeno más interesante rumbo a 2027 no es el regreso de antiguos
protagonistas. Lo verdaderamente relevante será observar quién logra construir
una hegemonía territorial legítima.
El Modelo
MACHT+ 360° sostiene que la hegemonía política no depende solamente del poder
institucional. Requiere legitimidad social, capacidad para articular intereses
diversos, liderazgo territorial, comunicación eficaz y construcción permanente
de consensos.
Quien
consiga integrar esos elementos tendrá mayores probabilidades de conducir
Sonora durante la próxima década. Por ello, más que preguntarnos quién volvió,
conviene preguntarnos quién está construyendo futuro. Ese será, probablemente,
el verdadero tema de la elección de 2027.
En
mi opinión, esta perspectiva permite trascender la coyuntura y centrar el
análisis en la dinámica de la competencia democrática. Los exgobernadores no
son reliquias del pasado ni "muertos vivientes"; son parte del
capital político e institucional de Sonora.
La
ciudadanía conserva el derecho de evaluar críticamente sus trayectorias, pero
también de escuchar sus propuestas y decidir, mediante el voto, qué liderazgos
siguen siendo relevantes en la construcción del futuro del estado.

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