jueves, 25 de junio de 2026

EL PRESIDENCIALISMO MEXICANO Y EL OCASO DEL BREVISIMO NEO MAXIMATO de AMLO .


Maestro Francisco Javier Aragón Salcido.

Me parece que ha iniciado, sigiloso como la sombra al mediodía, el fin del Neo Maximato en México. Quién lo iba a creer, que sucedería de una forma  tan brutalmente grotesca .  

Es que,  una impredecible tormenta con suma estridencia , descabeza    a sus amigos  y valedores  , ahora bien, lo inaudito  de toda esta trama novelesca ,  es que la ventisca arrastra cual hojarasca,  a sus seres más queridos  .  

Porque , el presidencialismo mexicano no es un cargo: es un rito, una liturgia de seis años donde el ungido hereda el cetro, la silla y la ilusión de la infalibilidad. Y cuando la banda tricolor cambia de pecho, el hechizo se rompe.

2000-2006: El rancho, la bota y el hilo invisible. Vicente Fox Quesada llegó a Los Pinos con las botas puestas y la promesa del cambio. Pero la plaza pública, esa que no perdona, lo motejó de títere. Decían que los hilos los tensaba la mano firme de su amada consorte, Marta Sahagún.

El acto: gobernar entre ocurrencias y la Fundación Vamos México. La circunstancia: el primer gobierno de alternancia se diluyó en el mito de la pareja presidencial. El poder no lo ejerció solo; lo compartió, y la historia le pasó la factura.

2006-2012: La guerra, el trago amargo y el soliloquio Felipe de Jesús Calderón Hinojosa entró por la puerta de atrás, con medio punto y la legitimidad en vilo. Declaró la guerra al narco y se bebió el sexenio entre operativos y discursos. Le echaron en cara, como epitafio anticipado, su afición a las copas de amargo licor.

El acto: militarizar la seguridad y brindar en la soledad del poder. La circunstancia: cada muerto fue una muesca en la silla, cada brindis un rumor que la corte no apagó. Gobernó como quien se sabe observado, y el alcohol —real o metafórico— fue el fantasma que nunca desmintió del todo.

2012-2018: El copete a la Presley , la telenovela y el Rock Star sin guitarra Enrique Peña Nieto regresó al PRI a Palacio Nacional con la estética de portada. Lo menos que se dijo de él es que gobernaba como Rock Star cual polvo enamorado: cámaras, reflectores, la Gaviota y el vértigo de un corrido mal entonado llamado Ayotzinapa, la Casa Blanca de las Lomas  ,  el fraude de Odebrecht.

El acto: firmar reformas con tinta de espectáculo. La circunstancia: el país ardía mientras el Presidente posaba. Fue el sexenio del maquillaje a granel corrido por las lágrimas de la realidad.

2018-2024: La mañanera, el púlpito y el pecado de ser binario Andrés Manuel López Obrador hizo del Salón Tesorería  de  Palacio Nacional un púlpito y de la conferencia mañanera  un evangelio.

Ahora mismo, al ya ex presidente, sus más acerbos y contumaces críticos lo exhiben en el cadalso mediático como si fuese pecado capital el simple y humano hecho de ser binario.

El acto: reducir el mundo a “pueblo bueno” y “conservadores”. La circunstancia: polarizar hasta el lenguaje, y hoy es retribuido  con la misma moneda de la simplificación. Lo acusan de no entender los matices que él mismo negó desde el templete. La lección que no prescribe: el dulce encanto del omnímodo poder se evapora  .

Lo cierto, la verdad desnuda que no admite maquillaje, es que al cruzar el umbral de Palacio Nacional y entregar la banda, todos —Fox, Calderón, Peña, López Obrador— pierden de golpe el dulce encanto de la infalibilidad mesiánica .

El presidencialismo mexicano fabrica apóstoles, profetas y dioses sexenales. Se les  perdona todo mientras cargan el bastón de mando . Pero el día que lo sueltan, la plaza les cobra hasta el aire que respiraron.

El Neo Maximato no es un hombre: es el sistema que permite que el anterior siga gobernando desde la sombra. Y su fin inicia cuando el pueblo, o la élite, o la historia, le retira el permiso al mito redivivo.

El Maximato no muere por decreto. Muere cuando la historia empieza a escribirse sin permiso. Y eso, parece, ya ha comenzado.

Muerto el Rey , larga viva a la Nueva Reina .

Epílogo de banqueta: El poder es un espejo que sólo halaga mientras se le posee. Roto el hechizo, devuelve el rostro mortal, falible, humano. Y en México, ese rostro siempre tiene nombre, apellido y seis años de expedientes abiertos.

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