Maestro Francisco Javier
Aragón Salcido.
La subcultura "woke"
—término originado en la comunidad afroamericana para denotar "estar
alerta" ante injusticias sociales, especialmente el racismo— ha
evolucionado en las últimas décadas hacia una ideología más amplia que enfatiza
la conciencia sobre opresiones interseccionales basadas en raza, género,
orientación sexual y otras identidades.
Surgida en contextos
activistas como Black Lives Matter, se ha extendido a instituciones educativas,
corporativas y culturales, promoviendo conceptos como la
"interseccionalidad", el "privilegio blanco" y la
"cultura de la cancelación".
Una pregunta recurrente es su
relación con el marxismo. Muchos críticos conservadores la describen como una
forma de "marxismo cultural", una adaptación moderna del pensamiento
de Karl Marx. Sin embargo, esta conexión es compleja: hay influencias claras,
pero también divergencias significativas.
Del Marxismo Clásico al
"Marxismo Cultural" El marxismo clásico de Karl Marx y Friedrich
Engels se centra en la lucha de clases económicas: el proletariado oprimido
frente a la burguesía opresora, con el capitalismo como sistema de explotación
material.
El objetivo era una revolución
proletaria para abolir la propiedad privada y establecer una sociedad sin
clases. Tras el fracaso de revoluciones proletarias en Occidente (como en
Alemania post-Primera Guerra Mundial), pensadores como Antonio Gramsci
enfatizaron la "hegemonía cultural": la clase dominante mantiene el
poder no solo por la fuerza económica, sino controlando la cultura, educación y
medios. Para revolucionar la sociedad, era necesario conquistar primero estas "superestructuras"
culturales.
En los años 1930, la Escuela
de Fráncfort (Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse) desarrolló la
"Teoría Crítica", fusionando marxismo con psicoanálisis freudiano y
sociología. Criticaron el capitalismo no solo por explotación económica, sino
por su dominación cultural a través de la "industria cultural"
(medios masivos que alienan al individuo).
Esta corriente, conocida como
"neo-marxismo" o "marxismo cultural", desplazó el foco de
la economía pura hacia la cultura como campo de batalla. Tras emigrar a EE.UU.
huyendo del nazismo, estas ideas influyeron en la Nueva Izquierda de los
1960-1970, combinándose con posmodernismo (Michel Foucault, Jacques Derrida) y
políticas identitarias. Aquí surge la transición: la opresión ya no es solo de clase,
sino múltiple (raza, género, sexualidad).
Similitudes entre el Marxismo
y lo Woke La principal conexión es estructural: Binario opresor/oprimido: El
marxismo divide sociedad en burguesía (opresora) y proletariado (oprimido). Lo
woke aplica esto a identidades: blancos vs. personas de color, hombres vs.
mujeres, heterosexuales vs. LGBTQ+, cisgénero vs. trans. Conceptos como
"supremacía blanca" o "patriarcado" funcionan como análogos
al "capitalismo opresor".
Conciencia crítica: El
marxismo habla de "falsa conciencia" (el oprimido internaliza
ideología del opresor). Lo woke promueve "despertar" (stay woke) para
reconocer privilegios y estructuras opresivas invisibles.
Transformación radical: Ambos
buscan deconstruir y reconstruir sociedad. La Teoría Crítica de la raza o
género ve instituciones occidentales (familia, ciencia, arte) como herramientas
de opresión, similar a cómo el marxismo ve la religión como "opio del
pueblo".
Interseccionalidad: Influida
por pensadores posmarxistas, combina opresiones múltiples, ampliando la lucha
de clases. Muchos analistas (como James Lindsay o Helen Pluckrose) ven lo woke
como una "mutación" del marxismo cultural, adaptado al siglo XXI,
donde la revolución cultural precede (o sustituye) la económica.
Diferencias y Críticas desde
el Marxismo No todo marxista acepta esta conexión. Críticos de izquierda
argumentan que lo woke es una desviación: Desvío de la lucha de clases:
Marxistas tradicionales (como Adolph Reed o Slavoj Žižek) critican que el foco
en identidades culturales distrae de la explotación económica real. Lo woke
beneficia al capitalismo al dividir a la clase trabajadora en tribus
identitarias, ignorando que opresiones raciales/género persisten bajo el
capitalismo.
Compatibilidad con el
capitalismo: Corporaciones adoptan "woke capitalism" (DEI, ESG) para
marketing, sin desafiar estructuras económicas. Marxistas lo ven como
cooptación: "capitalismo inclusivo" que neutraliza críticas
radicales.
Individualismo vs.
universalismo: El marxismo es universalista (lucha proletaria trasciende
identidades). Lo woke es tribal, priorizando experiencias subjetivas sobre
solidaridad de clase. Ausencia de materialismo: Clásicos marxistas enfatizan
base económica; lo woke prioriza discurso y cultura, acercándose más al
posmodernismo. Algunos marxistas lo llaman "liberalismo identitario"
o "progresismo burgués", no verdadero socialismo.
La subcultura woke tiene
raíces innegables en el marxismo cultural de Gramsci y la Escuela de Fráncfort,
heredando su marco de opresión y crítica ideológica. Sin embargo, diverge al
sustituir la clase por identidades múltiples y al ser compatible (incluso
funcional) con el capitalismo neoliberal.
Esta relación explica tanto su
atractivo (conciencia de injusticias reales) como sus controversias (división
social, censura, desvío de problemas económicos). Comprenderla ayuda a debatir
sin reduccionismos: no es "marxismo puro", pero lleva su ADN adaptado
a la era posmoderna. En un mundo de desigualdades persistentes, el desafío es
distinguir luchas legítimas por justicia de ideologías que polarizan sin
transformar estructuras profundas.
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