viernes, 27 de marzo de 2026

Gubernatura ATIPICA de tres años en Sonora. El riesgo es para Morena.






Maestro Francisco Javier Aragón Salcido.

La elección de 2027 en Sonora ya no es una sucesión ordinaria. Se trata de una gubernatura DISRUPTIVA de solo tres años, 2027-2030.

Y en ese escenario, el mayor riesgo lo corre Morena, el partido hegemónico que ha dominado la entidad desde 2018.La pluralidad de actores que hoy compiten en el tablero político le juega en contra al oficialismo, se dispersa y razona enormemente la intención del voto.

La lealtad y la disciplina al proyecto de la 4T se ponen en duda entre los pragmáticos que llegaron desde el PRI y el PAN. Pero el golpe más duro viene de los partidos aliados: el Partido Verde y el Partido del Trabajo han rechazado de manera rotunda la Reforma Electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.

Ese solo hecho modifica la correlación de fuerzas a nivel nacional y acelera la fractura de la coalición que nació en 2018, se consolidó en 2021 y triunfó en 2024.

Es un hecho: el bloque histórico de Morena se está escindiendo. Y los problemas no son solo internos. Los casos de Sinaloa, Baja California y Chihuahua son emblemáticos y proyectan pronósticos poco favorables para el partido en el noroeste del país.

Las condiciones subjetivas para la continuidad de Morena se están erosionando. En Sonora, afortunadamente, el problema de gobernabilidad no es tan delicado como en los estados vecinos, pero eso no elimina el riesgo.

Dentro de Morena hay una larga lista de aspirantes que esperan la definición del candidato. Los “premios de consolación” ya se reparten entre figuras como Lorenia Valles, Célida López, Froylan Gámez, Adolfo Salazar, Heriberto Aguilar, María Dolores del Río, Ana Gabriela Guevara, Fernando Rojo, Omar del Valle Colosio y Paulina Ocaña.

El problema es que el partido todavía no tiene candidato definido. Se especula con Javier Lamarque o, en caso de que deba ser mujer, con Lorenia Valles, pero cualquiera de las dos opciones sería percibida como imposición.

Por lo tanto, las diputaciones locales y federales, así como las alcaldías más importantes, se volverán mucho más disputadas.

Morena tendrá que compartir poder con la oposición en el Congreso local y en los municipios de mayor población. Por lo tanto, no se observa el entusiasmo de antes en los morenistas, se percibe cierta reserva.

Aquí está la clave del escenario 2027: la oposición tiene prosapia, trayectoria, estructura, saben ganar y perder nominaciones, dialogar, negociar, concertar, lo cual constituye una oferta política optimista.

Antonio Astiazarán hoy tiene prácticamente asegurada la candidatura. PRI, PAN y Movimiento Ciudadano lo buscan como candidato individual o, en última instancia común. Es la gran diferencia con Morena: mientras el oficialismo discute, la oposición ya tiene un nombre fuerte y consensuado.

Luis Donaldo Colosio Riojas, por Movimiento Ciudadano, puede convertirse en el factor que decida la elección si decide competir.

A la distancia aparece la precandidatura de Víctor Hugo Celaya por el PRI, anunciada de última hora, pero con peso propio.

La elección de Sonora dejó de ser una competencia de dos y se convirtió en una elección de tercios.

En ese escenario múltiple y plural, el más afectado es el partido hegemónico. Morena puede ganar la gubernatura y, al mismo tiempo, perder la mayoría en el Congreso local y los municipios más poblados.

Su oferta de “continuidad” se desdibuja. En consecuencia, la ventaja, por ahora, la tiene la oposición.

La gobernatura atípica de tres años se podrá ganar con menos del 35 % de los votos. Sonora entra a 2027 con un tablero fragmentado, una coalición oficialista relajada y una oposición que, por primera vez en años, llega unida, CONSIENTE DE SU ROL HISTORICO, con candidatos de peso y con estructura real. El riesgo ya no es teórico. Es concreto. Y el reloj corre a favor de quienes logren ordenar primero su casa.


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