Maestro Francisco Javier Aragón Salcido.
La
elección de 2027 en Sonora ya no es una sucesión ordinaria. Se trata de una
gubernatura DISRUPTIVA de solo tres años, 2027-2030.
Y en
ese escenario, el mayor riesgo lo corre Morena, el partido hegemónico que ha
dominado la entidad desde 2018.La pluralidad de actores que hoy compiten en el
tablero político le juega en contra al oficialismo, se dispersa y razona enormemente
la intención del voto.
La
lealtad y la disciplina al proyecto de la 4T se ponen en duda entre los
pragmáticos que llegaron desde el PRI y el PAN. Pero el golpe más duro viene de
los partidos aliados: el Partido Verde y el Partido del Trabajo han rechazado
de manera rotunda la Reforma Electoral impulsada por la presidenta Claudia
Sheinbaum.
Ese
solo hecho modifica la correlación de fuerzas a nivel nacional y acelera la
fractura de la coalición que nació en 2018, se consolidó en 2021 y triunfó en
2024.
Es un
hecho: el bloque histórico de Morena se está escindiendo. Y los problemas no
son solo internos. Los casos de Sinaloa, Baja California y Chihuahua son
emblemáticos y proyectan pronósticos poco favorables para el partido en el
noroeste del país.
Las
condiciones subjetivas para la continuidad de Morena se están erosionando. En
Sonora, afortunadamente, el problema de gobernabilidad no es tan delicado como
en los estados vecinos, pero eso no elimina el riesgo.
Dentro
de Morena hay una larga lista de aspirantes que esperan la definición del
candidato. Los “premios de consolación” ya se reparten entre figuras como
Lorenia Valles, Célida López, Froylan Gámez, Adolfo Salazar, Heriberto Aguilar,
María Dolores del Río, Ana Gabriela Guevara, Fernando Rojo, Omar del Valle
Colosio y Paulina Ocaña.
El
problema es que el partido todavía no tiene candidato definido. Se especula con
Javier Lamarque o, en caso de que deba ser mujer, con Lorenia Valles, pero
cualquiera de las dos opciones sería percibida como imposición.
Por lo
tanto, las diputaciones locales y federales, así como las alcaldías más
importantes, se volverán mucho más disputadas.
Morena
tendrá que compartir poder con la oposición en el Congreso local y en los
municipios de mayor población. Por lo tanto, no se observa el entusiasmo de
antes en los morenistas, se percibe cierta reserva.
Aquí
está la clave del escenario 2027: la oposición tiene prosapia, trayectoria, estructura,
saben ganar y perder nominaciones, dialogar, negociar, concertar, lo cual constituye
una oferta política optimista.
Antonio
Astiazarán hoy tiene prácticamente asegurada la candidatura. PRI, PAN y
Movimiento Ciudadano lo buscan como candidato individual o, en última instancia
común. Es la gran diferencia con Morena: mientras el oficialismo discute, la
oposición ya tiene un nombre fuerte y consensuado.
Luis
Donaldo Colosio Riojas, por Movimiento Ciudadano, puede convertirse en el
factor que decida la elección si decide competir.
A la
distancia aparece la precandidatura de Víctor Hugo Celaya por el PRI, anunciada
de última hora, pero con peso propio.
La
elección de Sonora dejó de ser una competencia de dos y se convirtió en una
elección de tercios.
En ese
escenario múltiple y plural, el más afectado es el partido hegemónico. Morena
puede ganar la gubernatura y, al mismo tiempo, perder la mayoría en el Congreso
local y los municipios más poblados.
Su
oferta de “continuidad” se desdibuja. En consecuencia, la ventaja, por ahora,
la tiene la oposición.
La
gobernatura atípica de tres años se podrá ganar con menos del 35 % de los
votos. Sonora entra a 2027 con un tablero fragmentado, una coalición
oficialista relajada y una oposición que, por primera vez en años, llega unida,
CONSIENTE DE SU ROL HISTORICO, con candidatos de peso y con estructura real. El
riesgo ya no es teórico. Es concreto. Y el reloj corre a favor de quienes
logren ordenar primero su casa.




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