miércoles, 8 de abril de 2026

Análisis de Coyuntura: El PRI y sus adalides en Sonora rumbo al 2027.

Maestro Francisco Javier Aragón Salcido. -

Estamos en abril de 2026 y el aire político de Sonora huele a oportunidad. El escenario nacional, dibujado con precisión quirúrgica por el estudio de México Evalúa sobre las finanzas públicas de 2025, le ha regalado a la oposición una munición que no se gasta sola: el gobierno de Claudia Sheinbaum destinó el 9.9 % de los ingresos tributarios únicamente a pensiones asistenciales —casi el triple que en 2019—, mientras recortaba salud, seguridad e inversión física a niveles que no se veían desde 2008.

Ese desequilibrio, que en el corto plazo genera aplausos electorales, en el mediano plazo deja huella dolorosa en la calle: hospitales saturados, policías que no alcanzan, obras detenidas.

Y en Sonora, donde el gobernador Alfonso Durazo ya carga el desgaste natural de casi seis años en el poder, ese malestar federal se siente con especial crudeza.

Es la grieta que el PRI —partido con arraigo histórico en el estado— tiene la obligación de convertir en argumento ganador para la gubernatura de 2027.El partido lo sabe.

Por eso, desde marzo de 2026, el PRI nacional bajo Alejandro Moreno adelantó movimiento: presentó a sus “Defensores de México” y en Sonora nombró a dos perfiles que hoy marcan el ritmo de la reorganización.  

Un excelente perfil Víctor Hugo Celaya Celaya, el operador discreto, el “viejo lobo de mar” que prefiere la penumbra al flash, encarna la respuesta práctica al derrotismo. Su encomienda es clara: recorrer los 72 municipios, escuchar demandas reales —seguridad, empleo, salud, agua— y reconstruir músculo priista desde abajo. No promete revoluciones de discurso; ofrece trabajo de hormiga.

Lo acompaña Guadalupe Soto Holguín, Lupita Soto, presidenta estatal, es la cara visible, la que recorre municipios, renueva comités, organiza Rosca de Reyes y repite con convicción: “en 2027 vamos a ganar”.

Es, en sí mismo, la antítesis del fatalismo. Porque el fatalismo es el verdadero enemigo interno. La columna de Bulmaro Pacheco del 5 de abril lo dijo con ironía filosa: ¿ qué  habrían logrado los grandes transformadores de la historia si hubiesen escuchado a los que repiten “¿para qué luchar?”, “las cosas son como son”?

En Sonora ese coro derrotista aún susurra tras la derrota de 2021 y ante las encuestas de marzo-abril 2026, donde Morena lidera con 40-42 % de intención partidista.

Pero los números y el contexto lo desmienten: el desgaste federal existe, se palpa en Cajeme, en Hermosillo, en Nogales. Y el PRI lo está convirtiendo en narrativa: “Mientras en Palacio Nacional se priorizan pensiones electorales, en Sonora faltan hospitales, policías y obras que generen empleo”.

Dentro del partido la competencia es real y sana. Las encuestas internas de GobernArte (marzo 2026) colocan a Rogelio Díaz Brown con 30 % de preferencia, Sylvana Beltrones Sánchez con 23.5 % (el apellido sigue pesando), Ernesto Gándara Camou y Paloma Domínguez Ugarte completando un vence respetable.

Detrás de todos ellos, como gran influyente estratégico, sigue Manlio Fabio Beltrones: el senador que, aunque ha tenido diferencias públicas con la dirigencia nacional, mantiene el pulso del priismo sonorense y puede ser el arquitecto que evite fracturas y teja unidad cuando llegue el momento.

El tablero, sin embargo, ya no es solo PRI versus Morena. La oposición se ha vuelto más compleja y, para algunos, más prometedora. Antonio “Toño” Astiazarán, alcalde de Hermosillo por la coalición PAN-PRI-PRD, se perfila como el retador más visible: encuestas lo colocan entre 20 y 30 % cuando se miden perfiles, y ha marcado territorio diciendo abiertamente “vamos a ganar en 2027”. Su oferta es concreta: resultados municipales proyectados al estado entero.

Y entonces aparece el factor disruptivo: Movimiento Ciudadano y Luis Donaldo Colosio Riojas. El sonorense de Magdalena de Kino, exalcalde exitoso de Monterrey y senador, fue “destapado” explícitamente por Jorge Álvarez Máynez en febrero-marzo de 2026.

Lidera las preferencias internas de MC con 31.2 % y, en escenarios generales, aparece con 16-23.9 %. MC no viene a sumarse a la vieja oposición; viene a romper el tablero. Rechaza alianzas fáciles, atrae voto joven e independiente y obliga a PRI y PAN a definirse.

Su mensaje es directo: “MC no es la oposición, es la alternativa”. Y en Sonora, donde el hartazgo con la 4T y con la política tradicional es palpable, esa frescura suma. Así, la contienda de 2027 se escribe hoy con tres velocidades distintas pero convergentes:

  • El PRI reconstruyendo estructura y capitalizando el desgaste federal con Lupita Soto y Víctor Hugo Celaya al frente.
  • El PAN proyectando a Astiazarán como candidato natural de la alianza opositora tradicional.
  • MC y Colosio ofreciendo un tercer camino que puede decidir la elección si logra capitalizar el voto desencantado.

El PRI tiene las cartas para pelear de tú a tú: arraigo territorial, cuadros con experiencia de gobierno y un argumento nacional verificable. Su reto no es inventar problemas; es convertirlos en propuesta concreta y, sobre todo, superar el fatalismo interno.

Si logra unidad entre sus adalides —Soto, Celaya, Beltrones, Díaz Brown—, si teje una alianza amplia sin perder identidad y si conecta el malestar de la 4T con las demandas concretas de los sonorenses, el partido que nunca desapareció del todo en Sonora puede volver a gobernar.

La historia de 2027 no la escribirán los que repiten “las cosas son como son”. La escribirán quienes, como dice Bulmaro Pacheco, decidan no ponerse “a las patadas con Sansón”, sino vencerlo con inteligencia, organización y coraje.

El PRI ya movió sus primeras fichas. Ahora falta ver si sabe jugarlas con precisión. El tablero está abierto. Y Sonora, como siempre, está lista para sorprender.

 

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